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Once días en Israel no son suficientes para medio entender este joven Estado, que en el fondo es uno de los territorios con más historia del mundo, esta tierra Prometida, habitada en la actualidad por judíos, que son mayoría, aunque también resida en la misma un buen porcentaje de árabes, entre otros.

Muro de las lamentaciones en Jerusalén

Muro de las lamentaciones en Jerusalén

Musulmanes y judíos que no se entienden ni tiros (nunca mejor dicho), y supongo que no se llegarán a entender, mientras existan intereses económicos, territoriales de por medio, porque en verdad las religiones son pretextos (inventados por pendejos) para llevarse el gato o la gata al catre. Ni más ni menos. Dejémonos de monsergas.

Sólo hay que leer al antropólogo americano Marvin Harris para darse cuenta de que, desde el materialismo cultural que nos propone, todo se explica en términos materialistas (léase por ejemplo su interesantísimo ensayo ‘Vacas, cerdos, guerras y brujas’). Esto requeriría de un análisis exhaustivo pero no es menester en este apartado, que deseo dedicar a mi reciente viaje a Israel, donde conviven religiones que no se soportan, como hemos podido comprobar, in situ, a lo largo de esta última temporada, sobre todo en la antigua ciudad de Jerusalén, donde ha habido varios muertos y centenares de heridos a resultas de los atentados y altercados de estos últimos días, siempre por lo mismo, la disputa de la Tierra Santa. Qué esta tierra es mía, que no, que te bajo un rachonazo, que te atizo, leche, que no me quites el agua del ‘prao’ que te meto el sacho ‘nel llombo‘, algo así ocurría también, otrora, en tiempos de penuria y estrechez económicas, en mi pueblo, que en verdad es aldea universal. Habla de tu pueblo y estarás hablando del universo.

Puerta de los leones (Lions Gate)

Puerta de los leones (Lions Gate)

Cámaras de videovigilancia, detectores de metales, controles impresionantes, sobre todo en la Puerta de los Leones (Lions Gate), impidiendo de este modo a los palestinos que entren a rezar en su templo sagrado. Un gran despliegue de militares y policías por las calles de la ciudad amurallada de Jerusalén le ponen a uno, aunque sólo sea un mero turista o viajero, el corazón en vilo, habida cuenta (todo hay que decirlo) que uno viaja solo, sin una manada o rebaño turístico guiado al que ampararse. Da como escalofríos ver a los militronchos con sus fusiles en mano apuntándote.

Imposible adentrarse en determinados sitios, como en la llamada Explanada de las Mezquitas, donde se halla el emblemático monumento de la Mezquita de Al-Aqsa (se dice, cuánta leyenda, que el profeta Mahoma ascendió a los cielos desde esta mezquita) y la vistosa Cúpula de la Roca, que llama la atención del visitante desde casi cualquier punto de la ciudad. Conocida asimismo como Roca Fundacional o Domo de la Roca, se cuenta que Jesús, en referencia a este templo, le dijo a Pedro: “Tú eres la roca sobre la que edificaré mi iglesia”. Lugar de culto por supuesto tanto para hebreos como para musulmanes. Todos se disputan este monumento.
Me había prevenido, por fortuna, el gran Eugenio García Gascón: “Mañana procura salir temprano de la ciudad antigua porque será un día muy peligroso, sobre todo a mediodía”, lo cual le agradezco enormemente. No sólo que me avisara del peligro de quedarme en la ciudad vieja de Jerusalén, sino que me ofreciera su hospitalidad, su casa para comer, y su invitación al café París, que queda en el residencial y elegante barrio de Rehavia, donde él vive, a un cuarto de hora caminando, más o menos, de la puerta Jaffa de Jerusalén, conocida también como la puerta de la torre de David, a través de la cual se accede a la ciudad vieja.

Con Eugenio G. Gascón en terraza del café París-Jerusalén

Con Eugenio G. Gascón en terraza del café París-Jerusalén

No obstante, tuve la ocasión de quedarme un rato en el exterior de la puerta de Jaffa a ver cómo se manifestaban los palestinos. Dicen que la curiosidad mató al ratón. O al gato. No importa.
Gracias a nuestra amiga común Álida Ares (gracias, Álida) tuve la fortuna de conocer a Eugenio García Gascón, que ejerce como periodista y corresponsal de ‘Público’ en Jerusalén (“la ciudad divina”, como él la llama) desde el año de 1991. Anteriormente, residió en Damasco (“ciudad humana”).
Catalán universal, enamorado de Jerusalén, que no cree en nacionalismos ni religiones, tal vez porque esta ciudad divina es, en su opinión, el mejor laboratorio del mundo para ver el nacionalismo y la religión en su expresión más absoluta”.
Autor, entre otros libros, de ‘Israel en la encrucijada’, Eugenio habla hebrero y árabe. Y espera irse a vivir, con su mujer Sandra, a Segovia cuando se jubile, en unos dos años, más o menos. “Anda, ¿y por qué eliges Segovia para vivir en tu jubilación?”, le pregunto. “Porque es un sitio tranquilo, cercano a Madrid”, me responde.
“Naturalmente, la religión y el nacionalismo son doctrinas retrógradas, pero con ellas se pretende hallar una solución a los problemas que plantea un entorno inseguro y de referentes inciertos. ¿Qué ofrecen la religión y el nacionalismo? Ideas y principios irrefutables para la gente incapaz de vivir durante mucho tiempo sin otros valores sólidos”, escribe Eugenio G. Gascón en un libro dedicado a la figura y la obra de Sayyid Qutb, intelectual que se apartara del laicismo para abrazar un islamismo radical. Pues eso, que vayan aprendiendo los catalanistas.

Conflicto palestino-israelí en la puerta Jaffa de Jerusalén

Conflicto palestino-israelí en la puerta Jaffa de Jerusalén

Por otro lado, me cuenta el amigo escritor y periodista José Luis Moreno-Ruiz que mientras Irán no permita a los palestinos firmar la paz, las cosas seguirán así. Con lo cual el conflicto palestino-israelí seguirá presente. Y nosotros con un nudo en la garganta.
El propio Eugenio García Gascón publicaba, coincidiendo con mi visita a Israel, un artículo sobre Gaza, “hundida y sin esperanza”, así lo titula, en el que pone de manifiesto que, a resultas del bloqueo que impone Israel, dos millones de personas viven en el infierno. “Un bloqueo que causa muertes a diario”, nos cuenta el periodista y escritor. Y recientemente ha publicado otro artículo en el que escribe lo siguiente: “…Netanyahu arremetió contra la Unión Europea y pidió a los primeros ministros presentes que presionen a Bruselas para que modifique su política con respecto a Israel. No habló de paz ni de la solución de los dos Estados sino que lamentó la posición de Europa, aunque es obvio para todo el mundo que Europa no hace absolutamente nada para resolver el conflicto con los palestinos”. Qué morrazo le echa el actual primer ministro israelí. Bueno, la verdad es que Europa (gran cementerio, estilo al que vemos en el monte de los olivos de Jerusalén) bastante tiene con sus miserias, con sus cuitas e insolencias.

Una situación brutal, la de la franja de Gaza. Lo mismo ocurre con Cisjordania (a este otro lado de Jordania o Transjordania, o sea de la parte israelí), que uno no llega a entender, porque todas son fronteras y muros y obstáculos insalvables o cuasi insalvables. Y las fronteras, los muros, las vallas nos estremecen. Cada vez que uno tiene que cruzar una frontera se me erizan todos los vellos del alma. Qué peligro, che.

Puerta Jaffa, con torre de David al fondo

Puerta Jaffa, con torre de David al fondo

Cuesta asimilar en tan poco tiempo cómo es, cómo vive y respira Israel. Pero intento hacer el esfuerzo, ponerme en la piel de los otros, analizar, reflexionar, mucha reflexión me ha procurado este viaje al Oriente Medio. ¿Cómo se puede vivir en un país en permanente conflicto con sus vecinos, incluso con sus hermanos? Porque en el fondo todos somos hermanos, verdad, o eso dice la religión cristiana (que tampoco es mejor que la judía o la musulmana… o la que se tercie, sobre todo en tiempos inquisitoriales, que a menudo silenciamos o tendemos a olvidar, amnésicos que nos gusta ser) y todos los seres humanos somos iguales, aunque algunos sean más iguales que otros, como dijera, con cierto punto humorístico, Orwell.

Todos los seres humanos sentimos, comemos, dormimos, amamos (incluso odiamos, qué terrible). Y nuestras emociones, nuestros sentimientos son iguales, o muy similares, acá y allá. Recomiendo la lectura de ‘La expresión de las emociones en los animales y en el hombre”, de Darwin, cuya traducción al castellano es obra de mi ex profesor Tomás Ramón Fernández.
Pero las religiones, que son todas un engañatolos, nos vuelven majaras perdidos. Y eso es lo que les pasa en Isarel, que su religión, sus religiones los tienen del revés.

Rabinos en oración en Muro de Lamentaciones

Rabinos en oración en Muro de Lamentaciones

Cierto que los judíos israelitas (acusados, entre otros asuntos, de clavar literalmente a Cristo) han sufrido el exilio, la diáspora, han sido perseguidos y aniquilados vilmente (no olvidemos el holocausto nazi, qué barbarie, tal vez por esto y después de tal horror, como dijera el filósofo Adorno, ya no cabe la poesía) pero no por ello los judíos son mejores ni peores que el resto. Y los tópicos de que son usureros, que les gusta la guita (¿a quién no le gusta en este mundo hipercapitalizado?) son sólo eso, lugares comunes, que conviene analizar. A este respecto también os recomiendo la lectura de ‘La ética protestante y el espíritu capitalista’, del sociólogo alemán Max Weber.
Muchos grandes cineastas son judíos, cierto, entre ellos, Woody Allen, Spielberg (véase su impresionante ‘La lista de Schindler’), Polanski (véase su magnífica ‘El pianista’), Kubrick, Lang, Billy Wilder, Preminger, Cukor, Lubitsch, Pollack, William Wyler, Ophuls, Mankiewicz, entre otros. Pero eso no obedece a ningún gen especial ni a qué sea una raza superior, que no es ninguna raza, tampoco. Miedo da cuando alguien cree que es superior o diferente. Entonces, hay que echarse a temblar.

En todo caso, cuando uno los ve rezar (imagino que son judíos ultraordodoxos) en el muro de las Lamentaciones se me antoja todo un espectáculo teatral, delirante, me atrevería a decir, pura psicosis o esquizofrenia, hasta el punto de que parecen convulsionar, orando

Judío tocando el wish you were here

Judío tocando el wish you were here

con todo su cuerpo, echándolo hacia adelante, como queriendo pegarse al muro. Dicho sea de corrido y a la buena de dios (¿de qué dios, el de los ateos, tal vez?) algunos judíos lucen ataviados cual si fueran señoritos andaluces, qué cosas. Y aunque esto pudiera parecer una ocurrencia de última hora, una boutade, que dice la francesidad, no lo es tanto. Fijaos en el detallito. La verdad, no sabría precisar si podrían ser señoritos andaluces de ‘Zevilla’ o de ‘Cádi’.
Luego también puedes toparte con una estampa bien surrealista, como que uno de estos rabinos, ataviados como mandan los cánones de la Torá, la ley de Moisés, la Biblia hebrea, se ponga a tocar el Wish you were here de Pink Floyd en una céntrica calle del Jerusalén moderno. Cosas de la posmodernidad, sospecho.

En realidad, se requiere de mucho tiempo (mil vidas necesitaríamos, y aun así… tampoco serían a buen seguro suficientes) para lograr conocer un lugar y a sus gentes, sobre todo si hablas de esta tierra bíblica, tierra Prometida, cargada de historia, tan fundamental para entender el mundo en que vivimos en la actualidad.
Esta es tan sólo una aproximación a Israel, una introducción a esta realidad, en la que espero ahondar en próximos días. O al menos relatar mi viaje o parte del mismo.