EL PODER DE LA AUTORIDAD

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Vivimos momentos de tensión, de situaciones que nos llevan al límite, de cargas emocionales que se ponen a los mandos por delante de la razón. Las situaciones sociales, políticas, personales, nos pueden llevar a acometer actos que, en una situación normalizada, creeríamos impensables.

Creemos en la libertad, en el poder de decisión, en que somos dueños de nuestra mente y de nuestros actos así como que los otros también lo son y deben responder por ellos, pero, ¿es esto así de cierto? ¿somos los únicos responsables de los actos que cometemos? ¿están nuestros pensamientos libres de interferencias? La psicología nos dice que no.

Es muy importante tener una personalidad  trabajada no en tener respuestas para todo, sino en poder cuestionar todas las respuestas.
No porque algo lo diga alguien, no porque siempre se haya hecho así, no porque lo digo yo, quiere decir que sea lo mejor.

En 1961 Stanley Milgram, un psicólogo estadounidense, puso en marcha el experimento que cambió la percepción sobre la libertad de decisión y puso el foco en el poder de la autoridad y por lo tanto en la responsabilidad de esta autoridad a la hora de proteger y responsabilizarse de los actos de aquellos que están bajo su mando.

El experimento consistió en lo siguiente, Milgram reclutó a gente mediante un anuncio en el que se decía que el experimento se enfocaba a la memoria y el aprendizaje.
Las personas que acudieron y que no sabían nada del verdadero experimento, fueron las que tenían que estar al cargo de aplicar descargas eléctricas de diferente voltaje a una tercera persona que estaría en otra habitación, fuera de su vista pero no de sus oídos.

Tanto estas personas que iban a recibir las supuestas descargas, como el investigador que iba a dar las órdenes sobre el voltaje a propiciar eran cómplices del experimento.
El investigador era la persona de autoridad en este caso, y las personas que no sabían nada estaban bajo sus órdenes y simplemente se les decía que tenían que seguir sus indicaciones (aplicar un voltaje al sujeto de la otra habitación).

No había tal descarga eléctrica pero los cómplices gritaban y pedían por favor que parasen mientras supuestamente las recibían.
Se escuchaba su angustia y su dolor y esto era lo que se buscaba investigar: ¿hasta qué punto las personas que no sabían nada seguirían aplicando las descargas escuchando como había otra persona que sufría por las mismas?

Siendo el voltaje de 15 a 450 voltios la totalidad de los participantes (40) aumentó las descargas hasta los 300 voltios ante la insistencia del investigador que les hacía ver que, a pesar de los aullidos y gritos de dolor, era necesario.

Un 65% llegó hasta los 450 voltios. Lo que antes del experimento, las hipótesis, eran que llegarían a aplicar esta descarga entre el 1 y el 3% de los participantes.

Se concluyó que el tener una figura de autoridad creaba un efecto de ausencia de responsabilidad y de pérdida de la coherencia ante el daño provocado.
Tendemos a pensar que si una persona es experta en algo estará más capacitada para decidir lo que es bueno o es malo.

Esas repercusiones se pudieron ver en el holocausto nazi y, salvando las distancias pero actuando con el mismo patrón, en la publicidad, donde expertos y famosos nos indican que un producto es bueno o el mejor, y si lo dicen ellos… ¿quiénes somos para creer lo contrario?
De ahí que sea tan importante tener una personalidad trabajada no en tener respuestas para todo, sino en poder cuestionar todas las respuestas.
No porque algo lo diga alguien, no porque siempre se haya hecho así, no porque lo digo yo, quiere decir que sea lo mejor.

Plantéate porque piensas de determinada manera. ¿Quien ha puesto ese pensamiento en tu cabeza? la tv, tus padres, aquella vez que escuchaste esa entrevista por la radio…

¿De dónde sacas la información?. ¿Quién te dice qué y cómo?

Sé responsable de tus responsabilidades, y piensa que, la persona que tienes enfrente, por muy diferente que sea, muchas veces hace lo mismo que tú: lo que cree correcto.

|Pablo Fernández Díaz. Psicólogo y Psicoterapeuta Humanista
Centro Kokoro Psicología y Mediación.
T. 677 57 59 34
www.kokoropsicologia.com

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