El síndrome de la abuela esclava

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El amor perfecto a veces no llega hasta el primer nieto.(Proverbio Galés)

¿Quién ha raptado a mi abuela?

La figura del/la abuelo/a es quizás una de las figuras más sanas, relacionalmente hablando, que nos podemos encontrar en nuestra sociedad. Son seres especiales, mágicos. Han saboreado mil aventuras y desventuras, albergando en su interior la sabiduría del que vivió, la templanza del que ha visto como el tiempo amarillea sobre sus fotos y la serenidad del que guarda en cada una de sus arrugas las maravillas de la vida. Son seres que rejuvenecen con la frescura de unos ojos que ven por primera vez lo que ellos vieron mil. Son personas que reviven a su niño  en compañía de unos nietos que están aprendiendo a serlo. ¿Son o eran? Las sociedades y las culturas están en continuo cambio y con ellos sus sistemas políticos, económicos, laborales e incluso familiares.

Desde hace ya unas décadas nos encontramos con una realidad inmediata que está evolucionando hacia un sistema familiar en el que los/as abuelos/as ya no lo son a la “antigua usanza”. La mujer se incorpora al mundo laboral,  el crecimiento económico lo hace desde la incongruencia entre los sueldos y los gastos básicos y nos vemos atrapados por una sociedad del rendimiento  que nos lleva a la auto explotación. Hemos comenzado a  funcionar con, y desde, el “Yes we can”, desde el “Querer es poder”, desde el exceso de positivismo. Y una de las consecuencias del camino que estamos tomando es el “servilismo” que se exige a nuestros mayores.

SAE -El síndrome de la abuela esclava-

Allá por el 2001, el  Dr. Antonio Guijarro Morales. Cardiólogo en el Hospital Clínico Universitario «San Cecilio» de Granada acuñó el término Síndrome de la Abuela Esclava (SAE)  definiéndolo como:“una enfermedad muy frecuente, grave, potencialmente mortal, que afecta a mujeres adultas con responsabilidades directas de ama de casa, asumidas voluntariamente y con agrado durante muchos años, que se produce como consecuencia de la interacción de factores extrínsecos e intrínsecos. “

Tal es la repercusión de este síndrome que la Organización Mundial de la Salud lo ha llegado a reconocer en sus casos extremos como malos tratos hacia la mujer.

Nos encontramos con una serie de factores que predisponen a padecer este síndrome, entre los que cabe destacar: realizar trabajos o actividades extra-domésticas además de sus obligacionesde ama de casa (cuidado de los nietos) de forma sistemática; tener familiares discapacitados o enfermos a su cargo; y acumulación de obligaciones entre otros.

El perfil  psicológico y social de las mujeres que padecen SAE se define por las siguientes variables:mujeres de mediana edad; con excesivo sentido del deber y la responsabilidad; y que no suelen quejarse de la situación con la debida elocuencia o expresividad.

Las consecuencias para las mujeres que se ven en esta situación tienen un gran impacto tanto a nivel físico como emocional, siendo mortal en ocasiones.

A nivel físico pueden llegar a presentar: hipertensión arterial; padecimientos metabólicos como la diabetes; molestias paroxísticas (Sofocos, taquicardias, dificultad para respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos) y cansancio (debilidad y decaimiento).

Las consecuencias a nivel emocional no son menos graves: malestar general, disconfort; ansiedad, tristeza, desánimo, falta de motivación; a veces sentimientos de culpa por su malestar; e incluso pensamientos de suicidio.

El tratamiento de esta enfermedad consiste en: liberar a la abuela decargas, buscar el equilibrio entre sus capacidades y responsabilidades, cariño ycomprensión familiar. Y además ayudar a estas mujeres a reconocer suslímites, tanto físicos como emocionales.

Abuelita, abuelita ¿por qué tienes estas ojeras tan grandes?

Cierto es que las abuelas asumen gustosamente y desde el amor el cuidado de los/as nietos/as y el ayudar a sus hijos/as para que estos puedan compatibilizar familia y empleo. Por la educación y valores aprendidos, se sienten responsables del permanente cuidado de la familia y de este modo continúan cubriendo una necesidad básica humana, la de sentirse útil.

Durante años cuidan sistemáticamente de sus nietos, y en ocasiones de sus propios padres y/o otros familiares enfermos. Pero esto tiene un coste, además del ya mencionado SAE: no tienen libertad para tomar decisiones; no disfrutan de su tiempo libre como ellas quisieran; y apenas tienen relaciones sociales.Y si en algún momento toman consciencia de este abuso sobre el rol de abuela, por cuestiones culturales y familiares, se sienten obligadas a continuar asumiendo demasiadas responsabilidades y tienen miedo a quejarse por represalias familiares (retirada del cariño, chantaje emocional).

¿Para qué? Para “poder poder”

El filósofo Byung-Chul Han habla de “la sociedad del cansancio”.  Viene a decir que nuestra sociedad actual peca de un exceso de positivismo que nos lleva a vivir sostenidos por la falacia del control del rendimiento y de la positividad del poder: del “todo, y siempre,  lo tengo que poder por mi propia voluntad”;  y donde si damos cabida al “no puedo”, sentiremos culpa. Por lo tanto, las generaciones en pleno desarrollo -los/as hijos/as que tienen nietos/as- acaban siendo esclavos del introyecto “no puedo no poder”.

De este modo nos encontramos con una generación esclava del “no puedo no poder”; y en el contexto sociopolítico-económico, en el que se desarrolla, precisa del apoyo de su  generación predecesora para “poder poder”.  Proyectos, iniciativas y motivaciones  se gestan sin límites y sin descanso, se pasa de una actividad a otra sin pausa; y de este modo se cae en la auto explotación: tengo que rendir al 100% en el trabajo, tengo que pasármelo bien en mi tiempo libre, tengo que reciclar mi formación, tengo que…

Para poder sostener este acto, enmascarado, de autosabotaje nos encontramos con la necesidad de que alguien asuma parte de las propias responsabilidades (los/as hijos/as) para “poder poder”: los/as abuelos/as

Y así es como nos encontramos con una sociedad en la que dos generaciones se encuentran completamente agotadas.

El cielo sobre la espalda

La abuela, como si de Atlas se tratará, asumió la labor de sostener el cielo sobre su espalda para que sus retoños pudieran poder, para que su prole caminara con una venda sobre los ojos hacia la auto explotación y así hacer feliz a la sociedad del rendimiento.

Y a la abuela y al abuelo cansados, cuidando y dejando de cuidarse,  se le escaparon sus últimos años de vida.

Y  los hijos cansados y estresados dejaron de percibir el aroma del bien  vivir.

Y a los nietos, les invadió Tiranía, para ocuparse de la autoridad y los límites que nadie supo poner.

No debemos olvidar la importancia de saber decir que no. No siempre es bueno poder, no siempre es obligatorio poder.

Si el cielo pesa, no es cielo.

Susana Álvarez  Fernández                                                      

Psicóloga Musicoterapeuta Mediadora Civil y Familiar

Centro Kokoro Psicología y Mediación

www.kokoropsicologia.com

Tel..677 57 59 34


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