Emociónate con tus hijos

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¡Cuántas veces nos habremos encontrado en serias dificultades para entender y comprender a nuestros hijos/as!

A estas alturas ya nos ha quedado claro que por mucho que nos lo propongamos nuestros hijos no vienen con un manual de cómo ser padre/madre y no morir en el intento.

Y no traen manual porque cada niño/a es diferente, con su carácter, con su personalidad, con su carga genética, con su ambiente… un sinfín de variables imposibles de catalogar en un simple manual.Ahora bien, por suerte, en cuanto a emociones se refiere, sí que podemos decir que hay una serie de puntos básicos para que nuestros hijos e hijas encuentren en nosotros un apoyo y un reflejo seguro en el que poder basarse para crecer saludablemente en el territorio emocional.

Las emociones básicas
Hace ya tiempo que Paul Ekman, psicólogo estadounidense, realizó una serie de investigaciones en diferentes países y culturas que le llevaron a la conclusión de que había seis emociones básicas: tristeza, felicidad, miedo, ira, sorpresa y asco, aunque recientes estudios sugieren que podrían ser cuatro en vez de seis fusionándose sorpresa-miedo e ira-asco.

Estas emociones tienen, por tanto, un sustrato biológico, es decir, que nos han servido y sirven para algo, de lo cual se deduce una de las mayores y más importantes reglas en cuanto a su expresión: No las prohíbas.

No llores, no te enfades, no sonrías, no tengas miedo… el negar las expresiones emocionales no hará mas que nuestro hija o hijo las reprima, lo cual no es para nada sano. Querrá decir como mucho que para él o ella esa emoción estará prohibida y que por lo tanto le quedará una de las siguientes dos opciones:

– Cambiar la emoción prohibida por otra que no lo esté. Si está prohibido llorar y estar triste puede que lo exprese mediante rabia o que se ría tristemente mientras cuanta algo doloroso.

– Que no exprese ninguna emoción, negar que existe y solucionado. Salvo que el cuerpo recuerda todo y no lo podemos engañar, por lo que lo más fácil es que somatice y acabe supurando en algún tipo de enfermedad física.

Cómo acompañar a nuestros hijos en su expresión emocional
Si sigues las siguientes pautas es posible que cualquier tipo de emoción pueda tener una expresión sana y que las relaciones familiares mejoren ostensiblemente.

Empecemos por la alegría, la felicidad, ¿quién no quiere estar alegre? El problema es cuando nuestro hijo o hija nos cuenta o hace partícipes de algo que le causa alegría y felicidad y nosotros menospreciamos o damos la vuelta a esa emoción con frases como “no sé de que te alegras”, “con la de problemas que hay y tú alegre”, “ ese 7 está bien pero mejor un 10”

La felicidad se comparte, saltamos de alegría juntos, nos alegramos, cantamos, bailamos, expresamos nuestra felicidad junto al otro. La felicidad no compartida es amarga, así que disfrutadla juntos.

La tristeza, no queremos ver a la gente triste lo sé, pero cuando hay alguien triste, que llora, deja que lo exprese, no le impidas hacerlo, no le digas que cuando llora está muy feo/a, que no quieres verle llorar.

La tristeza se acompaña, se está ahí, a su lado, no trates de cerrarla, da tiempo, si él o ella sabe que tú estás ahí, sin juzgar, sin presionar, sin hacerle culpable de su estado emocional… eso será fantástico.

La rabia, ¡qué rabia!, qué difícil.
Lo primero es no confundir rabia con violencia, la rabia y su expresión son necesarios y sanadoras, y eso no quiere decir romper, pegar a algo o a alguien…no. Quiere decir expresarla en un ambiente controlado y protegido, gritando contra un cojín, saliendo a correr o andar, pintando a rayones, apretando una pelota…

La rabia aumenta y tiene un punto máximo, a partir de ahí decrece. ¿Has oído la expresión “ciego de ira”? pues bien, no trates de hacer que una persona enfadada se pare a razonar y a escuchar, a valorar fríamente la situación.

La rabia se comprende, ¿estás enfadado? Pues te entiendo, te comprendo, qué rabia eso que te ha sucedido, empatizo y entiendo que, si te ha cabreado, molestado o enfadado es que ha sido importante para ti. No comprendiendo echamos más leña al fuego y no es eso lo que la otra persona necesita de nosotros.

Nuestros hijos no necesitan que les sancionemos por enfadarse o por mostrar la rabia. Con comprensión y seguridad, la rabia irá disminuyendo y entonces sí, ya podremos hablar tranquilamente, dar nuestra opinión y educar en la buena toma de decisiones.

Por último el miedo, la emoción más primitiva, no tener miedo no nos hubiese permitido llegar hasta aquí así que respeto y gratitud máxima al miedo.

El miedo requiere de una figura que nos de protección, seguridad, no necesitamos unos padres que nos digan “vaya tontería”, “miedica”… el miedo puede llegar a ser irracional y no lo voy a vencer si no tengo la base segura de un padre o una madre que me hagan ver que ellos no tienen miedo, y que si lo necesito, ahí estarán ellos para enfrentarse a mis temores.
Sentir es vivir.

Pablo Fernández Díaz.
Psicólogo/ Psicoterapeuta Humanista
Centro Kokoro
Bulevar Juan Carlos I nº2 1D- Ponferrada
kokoropsicologiaymediacion@gmail.com

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