Escuchando se entiende la gente

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Hay personas que hablan entre sí, padres y madres con hijos e hijas, maridos con mujeres, amigas con amigas, hijas con abuelos… y hay algo que falla, no se entienden.

“Nuestro peor problema de comunicación es que no
escuchamos para entender. Escuchamos para responder.”

Es habitual oír decir eso de “hablando se entiende la gente” como una forma de poner paz o de buscar la manera de que partes enfrentadas consigan llegar a un acuerdo o a un entendimiento.

Nadie duda de que hablando comunicamos, es más, la creencia es que sólo nos podemos comunicar hablando, de ahí que cuando se nos pide que expresemos lo que queremos decir sin usar las palabras nos veamos en un serio apuro al no saber cómo. Sin embargo gran parte del lenguaje es no verbal, es decir, son gestos, movimientos, entonaciones, posturas corporales… que acompañan al lenguaje hablado y que nos hacen dar un contexto y un añadido a la palabra que nos permite una mejor comprensión y asimilación de aquello que queremos decir.

Probar a hablar como si fuerais una estatua, a no mover ni un dedo, ni un músculo de la cara, a estar en una posición congelada. ¿Difícil verdad? Podemos hacerlo, pero la persona que tenemos enfrente verá que algo no encaja, no se fiará de nuestro lenguaje no verbal y se preguntará que pasa para que estemos tan inertes. Nuestro cuerpo, aún sin moverse, le está diciendo que ahí pasa algo extraño.

La cuestión es que hablar es la parte propia de la comunicación, es decir, yo hablo o él habla, emitimos un lenguaje que el otro tiene que recibir y traducir para lograr un entendimiento. Y aquí llegamos a la complejidad y al cambio de dicho, porque no es hablando como se entiende la gente. Es escuchando.

Escuchar es un arte, es una forma de estar en sintonía con el otro, es una intención, un esfuerzo, un ejercicio de comprensión y de empatía, es algo tan complejo como lograr estar en silencio y escuchar plenamente al otro/a.

Escuchar no es estar pensando la respuesta, ni estar hablando para uno mismo juzgando u opinando acerca de lo que el otro nos está contando, ni estar pendiente del camarero o del móvil mientras el otro habla. Escuchar no es estar a otra cosa mientras decimos “habla, habla, que yo te estoy escuchando”, porque la primera regla es: si el otro no se siente escuchado, es que algo está fallando.

Se habla de escucha activa en ese tipo de escucha donde yo pongo toda mi atención, donde con gestos o palabras breves de asentimiento hago ver a la otra persona que estoy pendiente de lo que me está relatando. Se le pone el apellido de activa porque es algo que yo realizo, tengo que esforzarme y centrar mi atención, depende de mí.

La mayoría de los problemas relacionales vienen de este aspecto, hay personas que hablan entre sí, padres y madres con hijos e hijas, maridos con mujeres, amigas con amigas, hijas con abuelos… y hay algo que falla, no se entienden.

Esto no tiene que ver con hablar, porque todos hablan con todos, sino que tiene que ver con escuchar y con lo que creemos que significa escuchar. Escuchar es comprender lo que el otro/a me dice, así que si alguien me cuenta que le duele que su padre no le llame por teléfono y yo respondo con un “vaya tontería, no te preocupes”, no estoy escuchando, estoy dando una respuesta y una solución rápida y errónea. Rápida porque no estoy dejando que la persona exprese toda su preocupación debido a que ya le corto con mi respuesta, una respuesta que hace ver que eso no me interesa, y errónea porque le estoy dando mi opinión sobre algo que, en principio, ni me ha pedido.

Diferente sería que me dijera “¿tú que opinas?”, ahí sí que podría dar mi opinión, pero hacerlo ante una situación que preocupa a la otra persona y que seguramente me está contando para poder desahogar es un claro ejemplo de mala escucha.
Y esto es lo que pasa una y otra vez, con lo que las personas no se sienten escuchadas y cada vez hablan y cuentan menos sobre sus preocupaciones y emociones por una sencilla razón, nadie quiere ser juzgado. Así que cuando hablo y no se me escucha, cuando cuento algo y la otra persona responde sin haberme escuchado plenamente y ver qué es lo que yo necesito, cierro puertas, y ahí es donde comienza el mal entendimiento.

“Hablando se entiende la gente”. Así empezábamos. Os animo a cambiar por “Escuchando se entiende la gente”. Y escuchar, pedir que se os escuche. No sentimos mayor bienestar que cuando nos sentimos escuchados. Cuando la gente viene a terapia y el simple hecho de sentirse escuchados es un gran cambio en sus vidas te da un reflejo de lo mucho que hablamos y lo poco que escuchamos. Escuchando podemos vivir mejor, escuchando podemos estar más cerca de aquél que nos quiere hablar.

|Pablo Fernández Díaz.
Psicólogo/ Psicoterapeuta Humanista
Centro Kokoro, psicología y mediación
Bulevar Juan Carlos I nº 2 -1ºD 24404 Ponferrada
T. 677 575 934
www.kokoropsicologia.com
kokoropsicologiaymediacion@gmail.com

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