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Por el reconocimiento, en una futura Reforma Constitucional, de la entidad territorial de la Región Leonesa, compuesta por las provincias de Zamora, Salamanca y León.
Al aprobarse la actual Constitución en 1978, la Región Leonesa estaba oficialmente reconocida, y así se estudiaba en los colegios hasta el año 1983, fecha de creación de la Comunidad Autónoma. Por lo tanto le es aplicable el artículo 2 de la Constitución, que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones y el art. 143, que reconoce el derecho de acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas, a las provincias con entidad histórica.
Es más, reformar la Constitución en la que no se reconociese ese derecho, sería continuar con las afrentas a esta tierra, emprendida por el político, leonés para más inri Rodolfo Martín Villa, en la década de los años setenta del siglo pasado, y que culminó, por su santa voluntad, con la integración forzada de la Región Leonesa en la autonomía actual, formada por dos regiones: León y los restos de Castilla La Vieja.
La unión de la Región Leonesa con parte de Castilla la Vieja fue consecuencia de un acuerdo entre UCD y PSOE, de Rodolfo Martín Villa y del diputado socialista Peces barba, en los años de la Transición (que decidieron saltarse lo establecido por los artículos 2 y 143 de la Constitución), contrariando la voluntad popular del pueblo leonés, puesto que de nada sirvió que, en León, una ciudad entonces de 100.000 habitantes se manifestaran en mayo de 1994, 90.000 personas, para mostrar su deseo de una autonomía propia para la región Leonesa.
En conclusión, los políticos, incumpliendo la Constitución, hicieron lo que les vino en gana, utilizando la fuerza de sus respectivos partidos para acoquinar a los pobres concejales, que incluso contra su voluntad, tuvieron que votar en sus Ayuntamientos la inclusión de León en Castilla La Vieja. Vistieron de legalidad lo que no era.
Como los políticos leoneses habían sido muy poco serios en el tema, el PP, denominado entonces Alianza Popular, llegó a posicionarse a favor de que el pueblo leonés accediese a tener su propia autonomía, presentando Recurso de Inconstitucionalidad contra la inclusión forzada en Castilla La Vieja, de la provincia de León. No obstante, al acceder al gobierno de la Junta en 1987, hizo oídos sordos de dicha petición y se convirtió en un ferviente defensor del anti-leonesismo, convirtiéndose en cómplices de borrar del mapa español a la región leonesa, tras más de mil años, primero como Reino 320 años y después como Región, de reconocimiento político permanente.
Es paradójico que el símbolo de un territorio que aparece en el escudo de España, no sea reconocido oficialmente. Que el símbolo heráldico más antiguo de Europa – el león pasante – no sea reconocido, y que su bandera, con su evolución a lo largo de los siglos, con más de mil años de existencia, sea la única ilegal de España ¿Ridículo verdad? Aquí algo ha fallado y nunca es tarde para enmendar errores.
Y si a esto se une el perjuicio que está suponiendo para las provincias leonesas el actual marco autonómico junto a Castilla La Vieja estos 35 años, en el cual se han perdido 133.254 habitantes (el 12% de nuestra población), habiéndose convertido el país Leonés en la región que más se ha despoblado de toda Europa occidental en este periodo, llegamos a un momento actual insostenible.
Durante estos 35 años de autonomía se ha mimado y despreciado la entidad histórica, cultural y económica de la Región Leonesa, desde el poder político y económico concentrado en Valladolid, desde múltiples ámbitos. Jamás han aceptado que existen dos regiones dentro de la autonomía. A modo de ejemplo, se ha manipulado la historia en los libros de texto (igual que los catalanes, parece ser), se ha dilapidado el dinero público en la Fundación Villalar, nacida para crear el sentimiento autonómico que ni existe ni existirá nunca, se ignoran las recomendaciones de la Unesco para la protección de la lengua leonesa, se crea confusión en los medios de comunicación entre los límites de las dos Regiones, haciendo castellanas una y mil veces, sobre todo a las provincias de Zamora y Salamanca… y todo esto con el beneplácito de los políticos leoneses. La explicación es muy sencilla, sin listas abiertas, el que no acata, queda fuera de las listas ¿Es o no es así? Concluyendo: Españoles sí, pero leoneses, no castellano-leoneses, ni castellanos.

A.G