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La depresión es una enfermedad que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.

Es muy frecuente escuchar en conversaciones la frase “estoy depre” o lo que te pasa es que “estás depre”. Se utilizan de una forma casi coloquial cuando alguien está triste o está pasando una mala época, pero en realidad la palabra depresión dista mucho de ser una banalidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión afecta a unos 121 millones de personas en el mundo y advierte que una de cada cinco personas llegará a desarrollar un cuadro depresivo en su vida. Además, debido a su inicio temprano, a su impacto funcional y a que tiende a la cronicidad y a la recurrencia, actualmente la depresión es una de las principales causas de discapacidad y representa un 4,3% de la carga global de enfermedad.
En España la depresión afecta al 4-5% de la población y el riesgo de padecer al menos un episodio grave a lo largo de la vida es mayor en mujeres que en hombres, en una proporción de casi el doble (16,5% vs 8,9%).
Según datos recogidos en la ‘Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud’, España es el país europeo con la tasa más alta de síntomas depresivos en población de edad avanzada.
En el año 2013 se registraron un total de 1.868.173 personas que sufrieron la enfermedad.
El aumento de esta incidencia en nuestro país, y en Europa en general, se debe fundamentalmente a varios factores: el incremento de la edad media en la población, el nivel de estrés que invade a nuestras sociedades y al aumento de consumo de sustancias tóxicas y fármacos.
La depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. La depresión puede llegar a hacerse crónica o recurrente y dificultar sensiblemente el desempeño en el trabajo o la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio. Si es leve, se puede tratar sin necesidad de medicamentos, pero cuando tiene carácter moderado o grave se pueden necesitar medicamentos y psicoterapia profesional.

La depresión se puede iniciar a cualquier edad, aunque su mayor prevalencia se produce entre los 15 y 45 años, por lo que tiene un gran impacto en la educación, la productividad, el funcionamiento y las relaciones personales.

Existen varios tipos de depresión que requieren abordajes diferentes:
– El trastorno depresivo grave o depresión mayor se caracteriza por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer, y disfrutar de las actividades que antes resultaban placenteras. La depresión grave incapacita a la persona y le impide desenvolverse con normalidad. Un episodio de depresión grave puede ocurrir solo una vez en el curso de vida de una persona, pero mayormente, recurre durante toda su vida.
– La distimia, se caracteriza por sus síntomas de larga duración (dos años o más), aunque menos graves, pueden no incapacitar a una persona pero sí impedirle desarrollar una vida normal o sentirse bien. Las personas con distimia también pueden padecer uno o más episodios de depresión grave a lo largo de sus vidas.
– El trastorno bipolar, también llamado enfermedad maniaco-depresiva, no es tan común como la depresión grave o la distimia. Se caracteriza por cambios de humor: Estados de ánimo muy elevados se ven sucedidos por otros muy bajos.
– Depresión posparto, la cual se diagnostica si una mujer que ha dado a luz recientemente sufre un episodio de depresión grave dentro del primer mes después del parto. Se calcula que del 10 al 15 por ciento de las mujeres padecen depresión posparto luego de dar a luz.
– Depresión psicótica, que ocurre cuando una enfermedad depresiva grave está acompañada por alguna forma de psicosis, tal como ruptura con la realidad, alucinaciones, y delirios.
– El trastorno afectivo estacional, se caracteriza por la aparición de una enfermedad depresiva durante los meses del invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar. La depresión generalmente desaparece durante la primavera y el verano.
El tratamiento contra la depresión se compone de psicoterapia y farmacoterapia.
– Psicoterapia: Se ofrece seguridad, confianza, comprensión y apoyo emocional. Se intentan corregir los pensamientos distorsionados, se explica el carácter temporal y se desdramatiza la situación. Uno de los problemas más importantes que se presentan es el abandono de las terapias, por lo que es fundamental que los familiares les animen a seguir el tratamiento hasta el final.
– Tratamiento farmacológico con antidepresivos: Los antidepresivos se utilizan para corregir desequilibrios en los niveles de las sustancias químicas del cerebro, especialmente la serotonina, un químico cerebral que transmite mensajes en el área del cerebro que controla las emociones, la temperatura corporal, el apetito, los niveles hormonales el sueño y la presión sanguínea. Los antidepresivos actúan incrementando los niveles de serotonina en las células del cerebro.

Es una enfermedad que requiere grandes dosis de paciencia de los familiares que rodean a la persona con depresión ya que la falta de ganas y motivación puede provocar la desesperación. La comprensión y el cariño, sugerir y no ordenar actividades, proponer y no imponer conversaciones son apoyos básicos a la terapia impuesta por los profesionales.

Juan Carlos Alcántara Amigo
Psicólogo
Mail: alcantaramigo@yahoo.es