La envidia

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La envidia

Para Schopenhauer “La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren” y para Francis Bacon “La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria”.

En este nuestro país, bien conocemos el significado de la palabra “envidia”. El ilustre José Luis Borges decía “El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: Es envidiable”. Parecen estas palabras de Borges un tanto exageradas, o en realidad describen de forma clara uno de los males de nuestra sociedad. La envidia es uno de los tradicionales “siete pecados capitales” que el Catolicismo y el Cristianismo intentaban combatir por ser un vicio opuesto a la enseñanza moral. El poeta italiano Dante Alighieri introdujo los siete pecados capitales en su obra maestra “La Divina Comedia”. Para Dante el castigo de los envidiosos en el Purgatorio era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer. El envidioso, a parte de querer lo que tiene, quiere tener lo que tienen otros y es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo. La envidia transforma a las personas en posesivas y les hace creer que todo lo que tienen los demás es necesario para ellos. Envidiamos los bienes materiales, la posición social, el prestigio, el dinero, el poder, el reconocimiento… Cuando la envidia nos ciega, somos incapaces de reconocer los triunfos de los demás y recurrimos a explicaciones extrañas, y muchas veces inventadas, para dar una explicación a los aciertos ajenos. Centrarnos en exceso en los demás y querer conseguir a toda costa lo que tiene los demás, desencadena un cauce de sentimientos negativos como son la rabia, la ira, la preocupación excesiva, e incluso en situaciones extremas puede llegar a provocar ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño. Es positivo tener ambición y querer superarse tanto en lo personal como en lo laboral, pero esa ambición no debe ser en comparación a lo que los demás logran sino a lo que nosotros vamos consiguiendo día a día con nuestro esfuerzo, aprendiendo a conocer mejor tanto nuestras cualidades como nuestras limitaciones. Es importante que sepamos apreciar nuestras cualidades y que las potenciemos, pero no es menos importante saber cuales son nuestros límites para encajar mejor los fallos. Debemos fijarnos en los triunfadores para admirar sus cualidades y aprender de ellas al máximo para luego saber aplicarlas en nuestra vida. Hay muchas personas que poseen cualidades excepcionales para las diferentes facetas de la vida y que nos pueden aportar sus conocimientos desde el respeto y la admiración. Por lo general, las personas que obtienen éxito en la vida son personas con una gran autoestima, que saben plantearse objetivos a corto plazo, que van cumpliendo y por tanto retroalimentando su autoestima. Poseen la capacidad de ser fuertes ante las situaciones negativas y de luchar por lo que creen. Estas son cualidades que debemos cultivar en nosotros mismos independientemente de lo que consigan los demás. Como no decía Miguel de Cervantes; “Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!”

Juan Carlos Alcántara Amigo
Psicólogo

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