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El falangista al que Franco mandó fusilar – Capítulo X

Escribíamos en capítulos anteriores que en mil novecientos treinta y ocho Juan José Domínguez estuvo trabajando -siendo prisionero- en un ferrocarril en construcción, durante quince días, en zona roja, pero se evadió con objeto -lógico y natural- de pasar a las filas nacionales que guarnecían la orilla derecha del Tajo.
Nuevamente, en este intento de fuga, fue hecho prisionero por una patrulla republicana cuando trataba de pasar el río, cerca de Ocaña y desde este momento, por una serie de avatares, -según contaba él- usó la documentación de un miliciano rojo que le facilitó el falangista Rafael de Miguel Cerdeño siéndole incoado proceso por deserción y es ingresado en la prisión Militar de San Antón donde la organización clandestina de Falange Española y de las J.O.N.S logró hurtar toda la documentación de su procesamiento quedando, por ello en una situación indefinida por la mala organización de los republicanos y es enviado a un batallón disciplinario de donde logró también evadirse el mismo día que llegó yendo a Madrid en donde trabajó en la mencionada organización -la Quinta Columna- que le facilitó documentación y dinero hasta finalizar el año, para subsistir.
En mil novecientos treinta y nueve continúa en la misma situación hasta el veinticinco de enero que en compañía de un cadete de infantería, Ricardo Arozarena Girón y del fundador nacional de la Falange en Asturias, Ricardo Sanz, por sus propios medios pudo pasar a las filas nacionales en donde se le abrió expediente depurativo con resultados definitivos y así pasó el año prestando servicios como agregado a la 4ª bandera de la Legión y, desde la terminación de la Guerra, como disponible forzoso en Madrid hasta el veinticinco de septiembre en que fue puesto a las órdenes del Jefe Director de la Milicia en cuya situación terminó el año.
Hemos leído un escrito de doce de mayo de mil novecientos cuarenta y dos de la citada jefatura de Milicias, aportado por el propio Domínguez, que dice textualmente. “Sírvase dar de baja a efectos de haberes al alférez provisional de infantería con destino en esta jefatura don Juan José Domínguez Muñoz el cual cesa en la situación prevenida en el párrafo segundo del artículo segundo del decreto de 23 de septiembre de mil novecientos treinta y nueve quedando a disposición del Capitán General de la primera región según orden inserta en el Diario Oficial de veinticinco de abril pasado”.
Durante los siguientes meses y siguiendo la investigación que están llevando a cabo otros historiadores, sabemos que fue espía nazi y trató de hacer saltar por los aires el Peñón de Gibraltar además otras maniobras en las que, a lo que parece, colocó bombas -él o alguno de sus compañeros- en diversos buques que iban a Gibraltar a surtir a las tropas africanas.
Según Celia Martínez, su esposa, vivieron a caballo entre Madrid y Cacabelos y los ingresos que tenían eran procedentes de la Alemania de Hitler, incluyendo joyas, ya que Juan José Domínguez había cesado como alférez provisional y aquellos eran sus únicos ingresos.
En cierta ocasión solicitó permiso para visitar Berlín, permiso que le fue denegado y en el expediente que hizo la policía política se dice que, en los bancos, disponía de grandes cantidades de dinero, de lo que se deduce que, posiblemente, el Estado no era conocedor de algunos datos personales de Domínguez Muñoz.
Continuará.

Nota: Foto de Juan José Domínguez con su madre en mil novecientos diecisiete.