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La violencia estilizada viene a ser el rasgo fundamental de la obra cinematográfica de Quentin Tarantino. Tras la magnífica Reservoir Dogs, este original realizador asombró al mundo con la que está considerada a día de hoy como su obra maestra, encumbrada al elenco de las películas de culto. Se puede decir con justicia que Pulp Fiction nació siendo un clásico, pese a haber sido rodada en las postrimerías del siglo XX.

Su estructura narrativa de puzle constituye una apuesta igualmente arriesgada. Quentin Tarantino juega de forma excepcional con el espacio y con el tiempo al presentarnos tres cortos entrelazados, con continuos flashbacks y guiños cómplices. Los diálogos fluidos en combinación con las excelentes interpretaciones de John Travolta, Samuel L. Jackson Uma Thurman o Harvey Keitel (en el papel de “Lobo”), magníficamente apoyados por una constelación de secundarios, van tejiendo un mosaico en el que la violencia desmesurada, atenuada por el finísimo humor negro del también guionista Tarantino (ganador de un Oscar), impiden que el film caiga en el histrionismo o la estética vacua del cine “gore”. Tarantino mantiene en todo momento un distanciamiento irónico, a la vez que estilizado, con respecto a la violencia, trayéndonos a la mente ecos de La naranja mecánica, de Kubrick. La sensacional banda sonora actúa como un atenuante estético más. Como en aquella otra obra maestra, Tarantino critica con dureza las burdas convenciones morales de una sociedad que ha perdido todo apego sincero a los valores éticos más elementales. El discurso final de Jackson, con sus referencias bíblicas, pone de manifiesto estas enormes contradicciones internas de una sociedad enferma en lo más hondo de sus raíces morales. El espectador no puede por menos que preguntarse si la ironía no irá también destinada contra él, voluntario receptor de esta orgía de adrenalina y sangre. Pero que también nos puede hacer reflexionar y a encontrar el verdadero camino. Porque todos, en el medio de nuestras humanas imperfecciones, en última instancia nos esforzamos por ser el pastor.

 

Rapaz