sábado 25/9/21

ESCRITORES PARA NO ABURRIRSE (O PARA ABURRIRSE DESPUÉS MÁS)

9788426416346Lo desagradable e inmundo siempre ha sido fuente de creación artística, me remito a los tratados sobre estética de finales del siglo XVIII que, dentro de la categoría de belleza, incluían lo sublime y sobrecogedor como parte de la misma: Addison, Burke, el propio Kant...Y más recientemente Umberto Eco han realizado un exhaustivo recorrido por la fealdad en la historia del arte. (Umberto Eco “Historia de la fealdad”. Lumen 2007).

Hoy quiero escribiros sobre Raúl Núñez (Buenos Aires 1946 - Valencia 1996) un escritor que llegó a Barcelona en los primeros años 70 y que antes de palmarla nos dejó cuatro impactantes y, quizás para muchos, desapercibidas novelas (además de algún libro de poemas). Sus dos obras centrales  “Sinatra” y “La rubia del bar” son las que sirven como base a este articulo. Ambas fueron llevadas al cine, la primera de la mano de Francesc Betriu, con canciones de Joaquín Sabina, y la segunda  por Ventura Pons.

Las dos son muy cortas, se pueden leer del tirón y coinciden en muchas cosas:

Tienen como telón de fondo la Barcelona pre-olímpica: La ramblas, el barrio chino, el barrio gótico...Son las plazas, calles y lugares habituales de un único protagonista principal. En las dos obras se trata de un hombre de mediana edad, de unos 40 años. Un solitario que no tiene ni un trabajo estable ni familia y que intenta vivir el momento sobreviviendo día a día sin un objetivo fijo.

Esta Barcelona de Núñez se encuentra muy alejada del civismo y la modernidad con la que se suele promocionar hoy en día. Las calles muchas veces están sucias y huelen mal, hay jeringuillas, ropa o juguetes abandonados en los parques. Los edificios prácticamente se derrumban, el alumbrado público es escaso…

En los bares de toda la ciudad condal es donde más transcurre la acción de ambos libros. Tugurios con máquinas tragaperras, ruidosas televisiones, camareros extraños y una clientela  de lo más variopinta, desde proxenetas con gafas de sol a perros.

La Barcelona de Núñez está llena de gente de provincias. Gallegos que regentan pensiones, amas de casa andaluzas con hijos problemáticos o madrileños que escapan de un pasado más bien oscuro. Son la mayoría pijoapartes, fracasados, que entre habitaciones cochambrosas, hambre, droga, prostitución, traición, violencia, desesperanza y locura buscan su momento de gloria.

Cutre, deprimente, desagradable, feo… Faltan adjetivos para ilustrar ciertos pasajes de Sinatra o La rubia del bar. Como el de esa mujer enana que escribe poemas de amor con la ilusión de  ser recibida por unos brazos cálidos. O como el del anciano que quiere vivir una noche de juventud que resulta un completo absurdo. O el de la madre que es esclava de un hijo trastornado y drogadicto que le come su propia vida.

Incluso los momentos que a priori son agradables acaban teniendo un  resultado amargo, como cuando Sinatra consigue llevarse a cenar a una rubia espléndida tras ganar un bingo. Beben champán, hacen el amor en un gran hotel...Pero al final se pone triste al pensar que no va a poder volver a repetir ese momento, de que la felicidad es una excepción en su vida.

La niña loca que se pasea con una muñeca de plástico como si fuera su hija, el chapero andaluz que presta dinero a cambio de algún favor sexual...

Sinatra o el protagonista de “La rubia del bar” caminan y avanzan apartando la basura una y otra vez.  Tal vez gracias al alcohol.  Ya que beber hace resistir mejor cada envite. Da igual lo que sea, vino malo,  whisky o champán si el bolsillo lo permite. Los protagonistas beben para celebrar, para olvidar, para festejar o para ensimismarse. Beben solos o acompañados, invitados o sin pagar. No solo ellos, también los actores secundarios, desde las abuelas a las niñas. Todos le dan a la botella en la narrativa de Núñez. Es por este leitmotiv, también podríamos nombrar, en menor medida, la droga, por el que a nuestro autor se le ha identificado a menudo con la generación beat o sobre todo con Charles Bukowski.

En mi opinión todos ellos coinciden en algo más. Tanto en la obra los Beat, como en Bukowski o en Núñez existe una energía positiva que consigue transformar toda la pobreza material y espiritual del mundo que les rodea en algo bello. Un halo de esperanza en medio del caos, un gesto de generosidad ante tanto egoísmo. Una flor en medio de la basura.

La belleza de lo feo. Un brindis por Raúl Núñez.

|El rincón de From dud to dub

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