La liquidez corporativa en España vuelve a arrojar datos preocupantes a principios de 2026. Según un reciente estudio sobre las cuentas para empresas y pymes y su ratio de liquidez, la consultora especializada Iberinform indica que el 23 % de las empresas españolas no puede pagar sus deudas a corto plazo. Este dato, que ya fue recogido por la agencia Europa Press el pasado mes de enero, difiere poco de los resultados de 2025, cuando el porcentaje de estas empresas en riesgo de impago era del 24 %, solo un punto porcentual más.
Esta mínima diferencia indica un estancamiento en el porcentaje de empresas con problemas de liquidez, que lastra también su posibilidad de realizar inversiones para crecer. Y es que la adecuada gestión del activo circulante es un aspecto clave para la salud financiera de cualquier negocio. El nivel de liquidez, la solvencia, la eficiencia y la rentabilidad son los cuatro indicadores principales que dan una imagen clara del estado de esa salud, sea cual sea el tamaño de la empresa.
Cabe recordar que el ratio de liquidez de una empresa se obtiene comparando los bienes que puede convertir en efectivo con lo que debe pagar en un mismo periodo, por ejemplo, un año. Un ratio alto es señal de estabilidad y capacidad de pago; simplificando, indica que el activo corriente es suficiente para afrontar el pasivo corriente. Tener un bajo ratio de liquidez genera inseguridad en los acreedores y reduce la capacidad de inversión de la empresa.
Para mejorar el ratio, se hace necesario mantener un equilibrio entre liquidez y rentabilidad que permita funcionar sin descartar determinadas oportunidades de inversión. Hay que diseñar una estrategia que garantice contar con el efectivo suficiente para no comprometer la viabilidad del negocio, porque no se trata de acumular saldo en cuenta.
La estrategia básica para aumentar el ratio de liquidez
Consolidar la liquidez y, al mismo tiempo, realizar inversiones sostenibles es una muestra de buena gestión financiera. Pero para invertir hay que tener activos. A grandes rasgos, hay tres vertientes principales que pueden ayudar a aumentar el ratio de liquidez:
- Optimización del capital circulante.
- Revisión de plazos de los pagos.
- Planificación financiera.
Optimización del capital circulante
Como se ha señalado, no se trata de aumentar el saldo en cuenta, sino de mejorar determinados aspectos para generar estabilidad. Hay medidas relativamente sencillas que podrían lograr que los activos propios se conviertan en efectivo y que el dinero no se duerma en un cajón. Por ejemplo, reducir los plazos para cobrar las facturas; en lugar de dar tres meses de plazo, fijar los pagos en dos, a 60 días. Por otra parte, se puede incentivar el pronto pago, establecer condiciones diferenciadas según el cliente o mejorar la gestión de recordatorios y seguimiento de facturas pendientes.
Estas son solo algunas medidas que, combinadas, pueden generar una cantidad importante de efectivo a lo largo de un ejercicio; esto es, más dinero disponible durante el año.
Revisión de plazos de los pagos
Si acelerar los cobros es clave, ordenar los pagos para hacerlos más manejables también es una gran ayuda. Si la empresa cobra a 90 días a los clientes, no es bueno para su cuenta que pague a los proveedores a 60. Es necesario tener un calendario sincronizado de cobros y pagos y, si hay que afrontar facturas con importes elevados, lo mejor es renegociar la manera de pagarlas, si es posible, para dividir o para retrasar la fecha de pago a otra más conveniente.
Es recomendable coordinar las fechas de pago con las de cobros y evitar que se programen muchos vencimientos a proveedores en un mismo mes. Todo esto no mejora la rentabilidad, pero sí la liquidez.
Planificación financiera
Para abordar la planificación, hay que considerar el calendario de ingresos y gastos para saber cuánto se va a ingresar y a gastar y cuándo va a suceder cada cosa. Hay que localizar los riesgos de que las entradas y salidas no estén coordinadas revisando los compromisos de pago, comprobando las fechas de las facturas o repasando las fechas de los impuestos.
Además, es muy importante considerar situaciones imprevistas para tener margen de respuesta y que el saldo en cuenta lo pueda soportar.
Afrontar las inversiones para crecer
Con un ratio de liquidez mejorado se puede empezar a pensar en invertir y hacer que el negocio crezca. Para ello, el saldo en cuenta debe ser suficiente para cumplir con los pagos regulares y para ofrecer un colchón con el que atender imprevistos. Con la tesorería estabilizada, ¿en qué invertir? Se podrían estudiar tres opciones:
- Eficiencia financiera.
- Instrumentos financieros.
- Propio negocio.
Eficiencia financiera
Reorganizar la gestión financiera puede ser un primer paso en la inversión. Para muchos profesionales, disponer de una cuenta adaptada a su actividad como cuenta bancaria pensada autónomos facilita el control de su tesorería. Es una ayuda para centralizar pagos, fraccionar impuestos o acceder a productos financieros más rentables.
Propio negocio
Una inversión básica, pero que a veces marca un punto de inflexión en el crecimiento de una empresa, es potenciar el propio negocio. Iniciativas como la de mejorar los procesos, abrir nuevas líneas de productos o la expansión comercial son formas de construir una base sólida. Invertir en la digitalización y modernización de los equipos es algo imprescindible para aumentar la competitividad.
Instrumentos financieros
Si el dinero no se necesita a corto plazo, es posible acceder a servicios financieros de riesgo bajo o moderado, siempre con un asesoramiento experto. Gestionar bien este tipo de inversiones permitirá abordar proyectos de mayor volumen, pero es necesario ir paso a paso.
No se puede definir una estrategia de inversión sin haber asegurado la liquidez y la solvencia del negocio. En este contexto, la inversión debe entenderse como el resultado de haber hecho bien las tareas para alcanzar un alto ratio de liquidez. En definitiva, mejorar el ratio de liquidez va más allá de acumular saldo. Se trata de ganar margen de maniobra. Esto puede marcar la diferencia entre limitarse a sobrevivir como se pueda o estar en condiciones de crecer.
