martes. 18.06.2024

Ser una mujer en el Afganistán gobernado por los talibanes no es fácil, pero como destaca Shakila Ghoyor, "tampoco lo es para los hombres". El atentado ocurrido en agosto de 2021 frente al aeropuerto de Kabul, en el cual murieron 13 militares estadounidenses y cerca de 170 afganos, impidió que esta periodista, comprometida con proyectos de igualdad de género, pudiera salir del país junto a su familia. "Pasé un año escondida en la capital sin poder salir de casa", lamenta sobre el descenso a los infiernos de un país asiático que ha sufrido más de 40 años de conflicto.

A sus 57 años, Shakila, quien trabajaba para la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en la provincia de Badghis, en el noroeste de Afganistán, nunca imaginó vivir una pesadilla así. Aunque Afganistán ya era considerado el país más peligroso del mundo para las mujeres, ellas tenían cierta libertad para ir a la universidad, viajar solas y decidir sobre el uso del burka. Sin embargo, las draconianas políticas impuestas por los talibanes, mediante prohibiciones, les han privado de su derecho a una vida segura, libre y plena.

"En agosto de 2022 logré salir de Afganistán con mi esposo, dos de mis hijos y mi hija menor, Mitra, quien tuvo que abandonar el segundo año de bachillerato cuando los talibanes cerraron las escuelas y vio cómo sus sueños de estudiar medicina se desvanecían", explica en el marco del Día Mundial del Refugiado, que se celebra el 20 de junio. Una vez en Irán, organizaron su viaje hacia Madrid sin ser plenamente conscientes de las dificultades que encontrarían en su camino hacia la integración en un país con un idioma tan diferente al suyo.

"Nuestra idea original era escapar a Alemania" Después de una primera acogida en Palencia, donde se sintieron abandonados a su suerte y, en cierto modo, maltratados, llegaron al Programa de Protección Internacional (PPI) del Hospital San Juan de Dios de León en noviembre de 2022. Este proyecto ha acompañado a 216 personas este año (148 adultos y 68 menores) de 18 nacionalidades diferentes, gracias a sus 111 plazas distribuidas entre La Fontana (76) y seis pisos (35). "Mi esposo no dejaba de llorar y perder peso. La situación era muy estresante. Nuestra idea original era escapar a Alemania, pero al final acabamos aquí", recuerda. En León, han encontrado refugio temporal y un lugar donde procesar todo lo que han vivido.

"Si desapareciera el peligro y hubiera trabajo, sí volveríamos a Afganistán, pero desde mi punto de vista, las cosas nunca volverán a ser como antes", aclara esta mujer fuerte que lucha cada día para no rendirse ante la adversidad. "Una de mis hijas, que tiene 35 años y estudió Derecho, está atrapada en Kabul con su esposo y sus dos hijos, y me siento muy mal porque no puedo hacer nada por ella", relata sin olvidar cuando los talibanes se llevaron a su hijo porque sabían que se habían ido a Europa.

Shakila, quien tiene nueve hijos y 12 nietos, anhela el momento de reunir a toda su familia. "Tengo dos hijos y una hija en Afganistán, un hijo en Pakistán, un hijo en Viena y otro en Turquía que planea ingresar a Europa a través de Serbia", señala. "Espero que pronto mis nietos puedan venir con su madre, ya que mi hijo está aquí y ellos son muy pequeños", agrega preocupada. Solo entonces encontrará la paz que tanto necesita.

Más de 800 personas refugiadas acogidas por SJD en 2023 La gran diversidad de culturas, procedencias y edades de las personas refugiadas representa un desafío constante para los equipos profesionales de los Programas de Protección Internacional de la Orden Hospitalaria en España, que en el primer semestre de 2023 han atendido a más de 800 personas, de las cuales el 36% son menores. La atención que se les brinda es personalizada, se basa en el valor de la hospitalidad y se adapta a sus necesidades específicas.

Esto permite una mejor integración y, por ello, en 2022, el 65% de las personas refugiadas adultas acogidas por San Juan de Dios lograron obtener un contrato laboral. A pesar de ello, encontrar vivienda sigue siendo el mayor desafío al que se enfrentan debido a los altos precios, la escasez de oferta y los requisitos difíciles de cumplir.

Los Programas de Protección Internacional (PPI) de los 11 centros y dispositivos de San Juan de Dios y los 2 de las Hermanas Hospitalarias, que forman parte del Sistema de Acogida del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, van más allá de cubrir las necesidades básicas de alojamiento seguro y manutención. Durante 18 meses, se brinda atención personalizada y acompañamiento según las necesidades de cada persona, fomentando su autonomía y ayudándoles a superar los traumas emocionales que han sufrido.

Desde que San Juan de Dios comenzó este programa a fines de 2017, ha atendido a más de 1.900 personas refugiadas y solicitantes de asilo procedentes de 36 países de todo el mundo, incluyendo Ucrania, Rusia, Afganistán, Siria, Yemen, Senegal, Nigeria, Etiopía, Honduras y Venezuela. La realidad es que cada día más personas experimentan desplazamientos forzados, según ACNUR, y actualmente hay 110 millones de personas en esta situación. Los principales motivos son los conflictos armados, seguidos de persecuciones, discriminación y otras formas de violencia.

Frente a esta realidad, el director general de la Orden Hospitalaria en España, Juan José Afonso, subraya: "En San Juan de Dios somos plenamente conscientes de las condiciones de extrema fragilidad en las que llegan estas personas a nuestro país, por lo que hacemos especial hincapié en promover su autonomía e integración social. El trabajo es el primer paso para lograr una integración social exitosa". Actualmente, la Orden brinda atención a colectivos especialmente vulnerables, como personas mayores, gravemente enfermas, familias monoparentales con hijos menores, personas con discapacidad, trastornos mentales y víctimas de torturas u otras formas de violencia.

Como explica Merlys Mosquera, responsable del Programa de Acogida y Protección Internacional de San Juan de Dios en España: "Cuando hablamos de atención integral, nos referimos a que, además de brindar un hogar seguro, ofrecemos apoyo psicológico y legal, y se desarrollan itinerarios de empleo y formación de acuerdo con el perfil y las expectativas de cada persona". Esta atención integral también incluye la escolarización completa de los menores y el aprendizaje del idioma de acogida, entre otras acciones. Por lo tanto, los equipos de San Juan de Dios en los centros que acogen y acompañan a estas personas son multidisciplinarios e incluyen psicólogos, profesionales del ámbito social (trabajadores sociales, educadores, integradores) y personal sanitario.

El Programa de Protección Internacional de San Juan de Dios "Un refugio en el que...