La Porteña Tango: entrevista y regreso a León con nuevo espectáculo
En esta entrevista exclusiva, conversamos con Alejandro Picciano, guitarrista y director de La Porteña Tango, un destacado cultor de la música rioplatense y el tango argentino. Picciano nos habla de su trayectoria, su pasión por la música y la evolución de su grupo, que vuelve a León en noviembre con un nuevo espectáculo. La entrevista ha sido realizada por César J. Tamborini Duca, director de la Revista Virtual del Lunfardo y el Tango.
P. Alejandro, me gustaría que nos dijeras tus datos biográficos, principalmente el sitio donde naciste, tus estudios, tu acercamiento a la música y cualquier otro detalle que consideres importante en esta primera pregunta; como la edad en que comenzó tu afición por la música. ¿Quiénes fueron tus maestros?
R. Yo nací en la avenida Honorio Pueyrredón, casi en frente de la estatua del Cid, en el barrio de Caballito, y con sólo un año mi familia se mudó a Ciudad Jardín del Palomar. Ahí es donde transcurrió mi infancia y adolescencia; era un barrio que aún tenía muchas calles de tierra, terrenos baldíos y casas en construcción, donde se podía jugar en la calle todo el día. Eso fue una gran escuela con amigos para mí, ya que si entro en mi etapa escolar, podría escribir un libro de la cantidad de colegios a los que fui sin demasiada fortuna… mejor en otro capítulo.
Pero con la música siempre fue diferente, ya que sinceramente no recuerdo ni desde la más tierna infancia haber soñado con otra cosa que no fuera ser músico. Yo tenía una enorme fascinación por los discos y el viejo combinado Wincofon. Me pasaba horas leyendo las tapas de los vinilos una y otra vez mientras sonaba el maltrecho aparato; con mi hermano comprábamos cassettes y los escuchábamos antes de ir a dormir todas las noches. Un día mi viejo trajo un gran equipo Pioneer cuando tendría unos 11 años, y el mundo parecía perfecto.
No tuve mucho orden a la hora de tocar y aprender; en mi casa no era algo muy importante y yo era un poco caótico. Así que a los ponchazos, con algunas clases con profes del barrio, revistas, acordes que nos pasaba algún pibe más grande y orejando, aprendí mis primeras canciones muy intuitivamente. Eso estuvo bien, pero realmente fue una torpeza de mi parte no haber estudiado mejor de niño.
Yo cantaba y tocaba la guitarra todo el día y tuve grupos desde los 12 años en los que ponía mucho empeño, como si fuéramos a tocar al Luna Park, y es una pena no haber aprovechado bien ese tiempo vital. A los 16 ya empecé a tocar en lugares como un adulto y recién ahí me empecé a dar cuenta de que había que estudiar música de una forma más formal.
Me ayudó un gran profe que quiero mucho y es uno de los grandes guitarristas del jazz argentino: Marcelo Mayor. Aunque yo estaba en modo adolescente total, me pasó tanta información “nueva” que fue una revolución en mi cabeza.
Luego, a los 26 años, hice la carrera de música en el SADEM, estudiando además guitarra con grandes profes como Juan Benítez y Armando de la Vega. En 2002 me vine a España, y nunca dejé de estudiar cada día, aunque ya solo.
P. ¿Primero actuaste como solista? Relátanos tu trayectoria, cómo se conformó el grupo musical La Porteña Tango, quiénes la integran y algunos breves datos biográficos de los mismos.
R. De pequeño, lo primero que aprendí a tocar fueron zambas con un puñadito de acordes; es una música que adoro. Después me enamoré del viejo rock argentino de los 70, sobre todo de la parte más hippie, la más folk, y las letras de esas canciones que me volvían loco.
Tuve muchos grupos desde muy pequeño y toqué incluso con uno en el estadio de Obras Sanitarias con sólo 18 años y en otros lugares importantes. Compartimos escenarios y conocimos a muchos de los artistas más grandes del momento… pero los “peros” son una palabra que no me gusta; las circunstancias, la presión y los etcéteras que ponemos hicieron las cosas difíciles. A los 21 años, después de unos cuantos mamporros, abandoné los escenarios hasta el año 96 (no la música, pero sí dejé de tocar en vivo), porque me sentía agotado, como si fuera un viejo; una tontera de mi parte, y de lo que no puedo echar la culpa a nadie más que a mí mismo.
La Porteña nace en agosto del 2008 junto a mi compadre Federico Peuvrel (piano). Nos conocimos un día en un barcito llamado “La Cueva del Bolero” en Madrid, en el que yo tocaba todas las semanas tango canción y él, que venía de Italia, tocaba tango instrumental con su novia de ese momento. Hicimos tan buena conexión que a la semana ya estábamos tocando juntos. De forma natural, como amigos de toda la vida que se juntan a tocar por placer, y además nos pasábamos el día estudiando juntos… una época muy bonita.
Al principio tocaba el bandoneón con nosotros Fernando Giardini y en 2013, cuando mi hijo Matías Picciano cumplió 18 años y se vino de Argentina para aquí, se incorporó a La Porteña.
Luego, en 2016, entró la cantora Eugenia Giordano, luego de una pequeña debacle que tuvimos en la grabación del tercer disco en Buenos Aires con la cantante anterior, y ahí quedó el grupo que sostenemos al día de hoy, que además de ser un grupo musical, formamos una familia. Además de hacer música juntos, compartimos la vida día a día y nos queremos muchísimo entre todos.
Luego está el grupo de baile, ya que la mayoría de nuestros shows son en teatros donde, además de la música, hay un lindo despliegue visual, con baile, vestuario y audiovisuales. Y en eso también tratamos de que haya una bella conexión entre todos, y que las parejas de bailarines sean parte de La Porteña tanto como nosotros. Guillermo Henáo y Gema Leiva están con nosotros desde el año 2015, David Suárez y Juana Escribano desde 2017, y Carlos Guevara y Débora Godoy desde 2019. Para mí es fundamental crear un gran grupo humano, y conocerse mucho entre nosotros es algo que se transmite al público de una manera mágica y muy positiva.
P. Cantores y/o guitarristas emblemáticos del tango, como Carlos Gardel, Jorge Vidal, Roberto Grela, Juan Sosa, Héctor Mauré… ¿alguno de ellos tuvo influencia en tu carrera artística? ¿O algún otro que no mencioné?
R. ¡Claro que sí! Yo siempre digo que uno, si nació en Buenos Aires, no se le puede escapar al tango de ninguna manera; brota de las baldosas, está explícito hasta en los ladrillos de tu casa, estaba en Hijitus, en Pepe Biondi, en el cole de la escuela primaria, en la forma gestual de los vecinos aún siendo niños. El panadero o el bicicletero te saludaba diciendo “¿Qué, me Contursi?” y vos lo repetías sin saber quiénes eran ni Pascual ni Catúnga.
Un día leías los créditos de un disco y veías su nombre entre los autores de las bellas canciones. No podés tener ni dimensión de cuándo escuchaste algún tango por primera vez en la vida, porque hay tangos que cantás en el jardín de infantes o en la primaria, como quien canta la marcha de San Lorenzo. Es una sensación fantástica no poder saber cuándo escuchaste o viste algo por primera vez. Pasa con Gardel, Troilo, Pugliese, Hugo del Carril, Tita Merello, Libertad Lamarque… los reconocías hasta por el nombre, y después de tantos otros que los veías en Grandes Valores desde muy pequeño.
Después lo intelectualizás y tenés tus gustos y preferencias; de adolescente ya era fana de Goyeneche, Sosa y Rivero (medio como todo el mundo de mi generación). Después me llegó Piazzolla y fue como un marciano. Ya estudiando tango en el SADEM se me abrió todo el mundo: me leí mil libros, compré discos de todos y me hice coleccionista de películas donde había aunque sea una sola canción, cantor u orquesta.
Y ahí descubrí a Charlo, del cual me enamoré por completo, no sólo por su maravillosa voz, sino porque además componía tangos hermosos, tocaba el piano y tenía su propia orquesta. ¡Era de locos!
Obvio que con Grela muero y no hay nadie como él, pero amo a Ubaldo de Lío y al Quinteto Real con Salgán, Laurenz y Francini, y a Nelly Omar con las guitarras de Canet… hay tantas cosas que no terminaría jamás.
P. En la música popular rioplatense figuran el tango, las milongas y los valses criollos. ¿Tenés predilección por alguno de esos ritmos? También hubo influencias de los payadores, todos ellos se acompañaban con guitarras. No se puede negar el aporte del canto criollo; de hecho, muchos tangueros tienen grabados temas de esta naturaleza, como Edmundo Rivero, Carlos Gardel, Julio Sosa, Ángel Cárdenas. ¿Querés decirnos algo al respecto?
R. Yo amo los valses; si me pusiera místico, yo creo que mi corazón solfea en ¾ y afina en Gm (sol menor). Amo la poética tanguera y, obviamente, siento debilidad por el tango con guitarras. Es una pena que sea su forma menos internacional y que la gente no la conozca ni la aprecie, aún sabiendo que esa era la forma preferida de Gardel. Soy fanático de Oscar del Cerro, y creo que con eso ya te digo todo.
P. La migración –como en mi caso– te acercó a España. ¿En qué año fue? ¿Acá se formó el grupo La Porteña Tango o ya vino conformado desde Argentina? ¿Cómo y cuándo nació? A los lectores les gustará saber si regresaste a Argentina para dar algún concierto con el grupo.
R. Sí, y eso es algo de lo más gratificante de todo esto. Uno puede viajar por medio mundo, pero volver a tocar a Argentina y grabar todos nuestros discos allá es como un pequeño milagro, un mimo que se siente en el alma como nada que se pueda comparar.
Cuando ves a tus compañeros de aventuras, con los que te subiste a montones de escenarios en algún teatro de Buenos Aires, te mirás como si fueras un niño, y en las miradas que se entrelazan y sin decirlo se percibe el “estamos acá”, es una sensación inexplicable.
Fuimos muchas veces, y además de Buenos Aires, hemos actuado en Neuquén, Río Negro, Mendoza, Santiago, Córdoba y Rosario.
Contamos con el apoyo del gran Litto Nebbia, y su discográfica Melopea ha editado todos nuestros discos. Eso ha creado un puente enorme y muy sanador para el conflicto mental que le genera al corazón saber que el camino se abrió y que nadie sabe bien cómo uno llegó aquí, tan lejos de repente. Y ser consciente de que un día tus sueños de hacer discos y presentarlos por el mundo te llega desde un artista como Litto, y desde tu país, achica toda lejanía.
Le debo tanto a Litto Nebbia y en tantos sentidos que no me alcanzan las palabras; además de todo su talento, es una persona sabia, con unas convicciones y una integridad enormes. Es un gran consejero que sabe ver con anticipación todo lo que incluso estás pensando. Me honra la bellísima amistad que nos une hace más de 20 años.
P. Tengo entendido que actuaron en 23 países de cuatro continentes, de modo que habrán efectuado muchos conciertos, como el que darán en León el día 9 de noviembre. ¿Llevás una cuenta aproximada de la cantidad de los mismos realizados hasta la fecha?
R. Vamos de camino a los 900. Es una sensación estremecedora darte vuelta y ver que te conocés con tus compañeros como si fuera de toda la vida; los escenarios y los vestíbulos de los teatros son muy intensos. El “Ahí vamos otra vez” con esa complicidad es algo maravilloso.
Por ejemplo, en el San Francisco de León será nuestra vez número 11. Ni en sueños uno piensa que puede ir tantas veces a los mismos lugares, que ya conoce todo y a todos, que armás “familias” en cada lugarcito del mundo, que te haces amigos con personas del público en lugares que quedaban tan lejos de Palomar, y tu guitarrita criolla intentando “Tonada de un viejo amor” transforma todo ese camino en algo maravilloso y único. Adentro de uno está todo eso que te llevó ahí desde niño, en los aeropuertos, en las carreteras y en los camerinos. Es algo mágico que, si uno se olvida, no te queda nada para dar.
P. También supe –y lo confirmaste antes– que realizaron grabaciones con el sello Melopea. ¿Podés mencionar algunos de los temas grabados y también las actuaciones en televisión?
R. En Melopea, con La Porteña, hemos grabado cinco discos, y además yo he grabado tres más a dúo y aparecido en un puñado de recopilatorios.
Tenemos la suerte de que nos tratan de lujo, y la libertad creativa es total. Solamente le transmito a Litto Nebbia, antes de hacer algo, la idea que tengo, y solo intercambiamos opiniones por email; luego vamos a Buenos Aires y nos pone ese estudio mítico, por donde pasaron tantos grandes, a nuestra disposición. Junto al gran Mario Sobrino, simplemente tocamos y vamos dando forma al disco, siempre respetando sus opiniones, ya que son dos personas que saben muchísimo de esto y te ordenan el caos en un segundo.
Litto Nebbia es un músico prolífico que, a día de hoy, saca tres discos por año suyos y puede meterse en 10 o 12 producciones más, sabiendo qué pasa en cada una de ellas. ¡Es impresionante!
P. En mi espíritu, en la parte que corresponde a mi argentinidad, llevo el rezongo de un bandoneón y el lloriqueo de las cuerdas de una guitarra. Por ese motivo, estaré anhelando la presencia de ustedes en León, ya que presencié vuestro espectáculo hace dos años y quedé maravillado. Te agradezco tu buena predisposición para realizar esta entrevista y te cedo el sitio para una despedida a los lectores de la Revista Virtual del Lunfardo y el Tango y/o de mi página http://pampeandoytangueando.com/
R. Agradecerte a vos y a tus lectores por hacerse eco de nuestro trabajo, que está hecho con tanto amor y dedicación. Invitarlos a todos a nuestro show en León, o si nos encuentran por ahí en alguna otra ciudad, llevando un poquito de nuestra cultura y tratando de acercarla a las nuevas generaciones y a las personas que la desconocen o tienen un preconcepto de cliché sobre este arte, que es nuestro mayor tesoro cultural por tantos motivos.
Que sepan que lo hacemos con esmero y, sobre todo, humildad y agradecimiento, porque somos conscientes de que La Porteña nos hizo conocer el mundo y nos colmó de alegrías. Pero aquí lo que manda es el tango, y el tango es tan grande, y tan grande es el legado que nos han dejado en el camino los enormes artistas que nos precedieron, que hoy nosotros tenemos este presente tan bonito.
Gracias de corazón, César, por darnos tu espacio para poder contar un poquito de nuestra historia. Si quedan con ganas de saber algo más del grupo, les invito a visitar la web https://www.laportenatango.net, donde hay mucha información adicional.
Entrevista realizada a Alejandro Picciano por César J. Tamborini Duca, Director de la Revista Virtual del Lunfardo y el Tango, en el mes de octubre de 2025