Un estudio realizado por la Fundación Artemisan en colaboración con la Universidad de León (ULE) propone reforzar la regulación y profesionalización del control de depredadores en los cotos de caza españoles. El trabajo, titulado “De la eliminación al control selectivo: Perspectivas sobre la gestión de la depredación en los cotos de caza españoles”, ha sido publicado en la revista internacional de acceso abierto Animals y cuenta con la participación del profesor E. Jorge Tizado, del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la ULE.
De los métodos masivos a la gestión selectiva
El estudio examina la normativa autonómica vigente y el uso real de los métodos de control en 16 regiones, apoyándose en 373 cuestionarios remitidos por gestores cinegéticos y titulares de cotos. La investigación recuerda que hasta la década de 1970 los depredadores eran considerados “alimañas”, lo que llevó a campañas de eliminación masiva con venenos y trampas mortíferas financiadas incluso con fondos públicos.
El cambio llegó con los acuerdos internacionales sobre conservación y, especialmente, con la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que eliminó los métodos masivos e introdujo directrices para el control de depredadores basadas en técnicas selectivas y formación especializada.
Hoy, el control de depredadores se desarrolla con métodos selectivos, aunque la caza sigue siendo el mecanismo más extendido en todas las comunidades autónomas. En diez de ellas también están autorizados los métodos de retención homologados, como lazos para zorros o cajas-trampa para córvidos.
Un sector que abarca el 85 % del territorio español
España cuenta con 577.742 cazadores y 32.500 cotos de caza, que ocupan 43 millones de hectáreas, el 85 % del territorio nacional. La gestión cinegética sigue siendo clave para el control de especies generalistas y oportunistas. Según las últimas estadísticas forestales de la temporada 2022-2023, se capturaron 186.283 zorros, 443.714 jabalíes y 275.770 córvidos.
La comunidad de depredadores es amplia y diversa, con superdepredadores en recuperación —como el lince ibérico o el águila imperial—, además de rapaces, cánidos, félidos, mustélidos y reptiles. El estudio subraya que también deben considerarse depredadores las especies domésticas asilvestradas, como gatos y perros, que afectan de forma notable a la fauna cinegética y protegida.
Gatos asilvestrados: un impacto global y una prioridad urgente
Uno de los puntos más destacados del estudio es la necesidad urgente de regular el control de gatos asilvestrados mediante métodos selectivos y sin sacrificio, debido a su impacto demostrado en la biodiversidad.
Los gatos asilvestrados están relacionados con la extinción de 63 especies de vertebrados en el mundo. En España, especialmente en ecosistemas insulares, se asocian al 14 % de las extinciones de aves, mamíferos y reptiles, así como al declive del 8 % de las especies catalogadas En Peligro Crítico.
Por ello, los autores sostienen que estas poblaciones no pueden considerarse especies protegidas dentro de los cotos de caza ni en áreas naturales, y que se debe facilitar su control con métodos éticos, profesionales y respetuosos con el bienestar animal.
Formación y regulación: claves para una gestión eficaz
El estudio concluye que todas las comunidades autónomas deberían avanzar hacia regulaciones específicas y reforzar la formación de especialistas en control de depredadores. Además, recomiendan ampliar el uso de trampas de contención homologadas, no solo en terrenos cinegéticos, sino también en áreas protegidas afectadas por depredadores generalistas.
Con este informe, la Fundación Artemisan y la Universidad de León aportan una visión científica actualizada sobre un debate clave para la conservación de especies y la gestión sostenible del territorio cinegético en España.
