miércoles. 30.11.2022

ponfe ciclis

Escribir sobre la ciudad donde uno vive, en este caso Ponferrada, siempre resulta un ejercicio arriesgado porque a menudo, al verse inmerso en la misma, se hace difícil tomar la suficiente distancia para poder ver, analizar y entender esta ciudad, que tanto ha cambiado, al menos en su aspecto exterior, en los últimos años.

Hemos pasado, casi sin darnos cuenta, de aquella Ponferrada pimentera (de la cual no puedo dar fe, salvo por lo que me cuentan mis padres) a una ciudad de la Energía (museo incluido) y ahora a una Ponferrada que celebrará su Mundial de Ciclismo, algo que atraerá a buen seguro a muchos visitantes, sobre todo a aquellos y aquellas con interés por este deporte, que a uno le entusiasmaba cuando era un adolescente y aún un jovencito. Ahora que me da por pensarlo, a medida que he crecido, se me han ido desvaneciendo mis ganas de seguir los deportes a través de los medios de comunicación, tanto el ciclismo como el fútbol, incluso el baloncesto, que siempre me ha encantado.

En otros tiempos, siempre seguía, a través de la televisión, el Tour de la France (me gustaba, creo, porque allí nos mostraban paisajes y ciudades con mucha belleza), el Giro italiano y la Vuelta a España. Lo que no he perdido es mi gusto por la bici, por pasearme y aun desplazarme en este magnífico vehículo, que tanto placer me procura, antes, ahora y siempre. Incluso en una ciudad como Ponferrada, que no está precisamente diseñada para viajar en bici (como ocurre con las modélicas ciudades holandesas, que son una delicia para moverse en este medio de transporte, incluso en una city como Londres), me encanta coger una bici, casi siempre una de esas que proporciona gratis el Ayuntamiento de Ponferrada (en breve parece que esto cambiará), para recorrer la ciudad y aun los alrededores.

La bici me parece un invento saludable, un medio de desplazamiento, digamos poético, que permite contemplar, a ritmo vital, el mundo, que invita a tomarle el pulso al paisaje. Ojalá este Mundial de Ciclismo en la capital del Bierzo sirva, además de darle proyección, para concienciar a la población que moverse en este medio es algo sano tanto para la ciudad (el ecosistema en su totalidad) como para la propia persona.

La Ponferrada, que antes fuera pimentera (ahí queda como recuerdo el monumento a las pimenteras en el Polígono de las Huertas), luego ‘Ciudad del dólar’ (gracias a la minería y la térmica, con el feísmo carbonero por bandera), y años más tarde un ligerísimo amago de ‘Ciudad del Cine’ (rotonda incluida), se ha convertido en la actualidad en una urbe dinámica, a pesar de la crisis, con un rostro limpio (a veces, sobre todo en invierno, me da la impresión de estar en el Tirol o en la Selva Negra, cuando miro la montaña nevada de la Guiana) y una vida deportiva (la Ponferradina en segunda división) y cultural apetitosa, con el Bergidum como emblema del buen hacer, sobre todo en lo tocante a espectáculos teatrales (véase por ejemplo a compañías del estilo de La Zaranda o Teatro Corsario), además de otras salas dedicadas a la música en vivo y en directo como la Tararí (en el casco histórico, sita en calle del Reloj) o la Sala La Vaca (en la Gran Manzana), que organiza conciertos estupendos. Bueno, quizá también la Sala Cocodrilo, además de otro local singular de la movida nocturna ponferradina, El Morticia.

Siendo un rapacín, Ponferrada, a su paso por la hoy Avenida General Vives, me parecía una ciudad enorme, tal vez porque los niños (y las niñas) tienden a magnificar los espacios, y hasta las cosas medianas les parecen enormes. No obstante, el propio Gil Parrondo -Premio Óscar, y uno de nuestros más afamados directores artísticos-, me llegó a decir, en una de sus visitas a la capital del Bierzo para impartir clases en la Escuela de cine, que Ponferrada le parecía una ciudad americana, una especie de Chicago. Imagino que lo diría al ver la imponente torre de La Rosaleda o el barrio en su conjunto, que sin duda es otra Ponferrada. Una percepción quizá algo exagerada, pero no exenta de verdad, porque el barrio de La Rosaleda –donde otrora despuntaban las jorobas carboneras- parece hoy una urbanización estadounidense.

La Ponferrada, que se prepara ya para acoger el Mundial de Ciclismo (con el monumento al ciclismo a la entrada, próximo al Campus), nos abrazará con los mejores corredores, en todas las categorías, los mejores equipos y las mejores selecciones. Será entre el 21 y el 28 de septiembre de este año 2014.

Esperamos que sea todo un éxito de público y dé a conocer más y mejor, en todo el mundo, a la capital del Bierzo, la ciudad en la que vivo desde hace cerca de quince años.

Manuel Cuenya

Ponferrada ciclista
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