Apocalipsis vs Responsabilidad
HORACIO TORVISCO
16 de junio de 2025, 18:31
El desconocimiento de la realidad, cada vez más acusado, viene estimulado entre otras cosas, por la creciente expansión de los discursos apocalípticos como una mancha de aceite, creando confusión, temor y simplismo analítico. Unos discursos que se caracterizan por un reduccionismo moral y político, donde solo existen los “buenos (los míos)” y los “malos (los otros)” en estado puro, los matices sobran. Con ese simplismo analítico se persigue anular la capacidad crítica de la ciudadanía, fomentando sin embargo de forma crispada, la adhesión tribal sin complejos ni dudas a “certezas” preconcebidas interesadamente.
Este escenario “binario” tiene una vertiente en la actualidad, en todo lo que concierne a la tecnología digital y a su producto estrella, la Inteligencia Artificial (IA). El gran reto que concierne a todos no es elegir, como así nos inducen interesadamente, entre aceptar acríticamente y sin dudas las estrategias de las grandes tecnológicas, visión "moderna" o negar absolutamente la utilidad social de la IA, visión "ludita”.
La realidad demanda, cada vez con más urgencia y rigor, establecer un diálogo político, dinámico y en igualdad de condiciones, donde no solo hablen los lobbies digitales sino la sociedad en su conjunto, en una visión multidisciplinar donde se valoren distintos puntos de vista que puedan arrojar entendimiento y sobre todo sensatez en un asunto donde pocos, incluidos los expertos, tienen claro el discurrir futuro de esta tecnología, que como todos los futuros, además, habrá que construir.
Un diálogo que tiene que surgir de la mano de una "ética de la responsabilidad" que concierne a todos, empezando por los científicos y expertos en tecnología que deben entender, que más allá de su dependencia profesional y salarial de instituciones, sean estas privadas o públicas, se deben sobre todo a la sociedad y es a ella y no de forma subalterna, ante la que deben rendir cuentas deontológicas de su actividad, al tiempo que divulgan su saber de forma sencilla para que la ciudadanía encare estos nuevos retos con un mayor conocimiento. Los científicos, además, tienen que entender que su trabajo no culmina con los resultados y experimentos del laboratorio tal como son revelados en un tubo de ensayo o en una maqueta, son, además, elementos que modifican las relaciones económicas, culturales y laborales de una sociedad, creando nuevos contextos y experiencias que deben ser evaluados en una especie de “feedback” de tal forma que “experimento técnico” y “experiencia social” formen parte del mismo proceso. En definitiva, la razón tecnológica no debe ser reducida a una especie de “razón instrumental” de artefactos que funcionan o a meras infraestructuras, sino que debe ser entendida como un elemento que configura lo social.
También y de forma primordial, concierne al ciudadano medio, el cual a lo largo de su vida toma decisiones con su forma de consumir que tienen una gran influencia en el desarrollo económico, social y tecnológico en cada momento. No es casualidad los ingentes recursos que las empresas dedican a moldear el gusto y el consumo de esa ciudadanía, con el único afán de convertirlos en "animales consumistas y acríticos" anteponiendo a su perfil político ciudadano el de meros clientes, o de unos usuarios sumisos con el poder del marketing que generan las grandes multinacionales tecnológicas. De ahí la importancia de contextualizar en un plano social, asociativo y responsable su libertad a la hora de consumir.
Finalmente, los poderes públicos democráticos, como representantes de la ciudadanía, deben ser especialmente cuidadosos en sus decisiones mirando por el bien común, no solo por el de los grandes consorcios digitales que es lo que se percibe en demasiadas ocasiones, por muchas presiones que reciban de las grandes tecnológicas, que en el caso de las de Estados Unidos son muy potentes, están consideradas el segundo grupo de presión más importante de Bruselas después de la banca, según datos de las asociaciones Corporate Europe Observatory y Lobby Control.
Aunque no en la misma proporción, como es lógico, todos somos importantes individual y colectivamente y todos debemos implicarnos. Parafraseando al admirado poeta español Blas de Otero “…aquí no se salva ni Dios…” a la hora de implicarse.
