La importancia del cribado para detectar enfermedades de riñón ocultas

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Ancianos "pasando la tarde" en las proximidades del centro de salud del barrio de Pinilla

Unamuno decía que “a veces el silencio es la peor mentira”. Y vivir en ella, en lo que atañe a la enfermedad renal crónica (ERC), puede conducir a un fallo en el que es preciso la diálisis o un trasplante para sobrevivir. Esta patología silenciosa, que afecta a más de siete millones de personas en España, no presenta síntomas en sus etapas iniciales. Eso hace que una gran mayoría desconozca su presencia. Hoy, con motivo del Día Mundial del Riñón, que se celebra bajo el lema ‘Vivir bien con enfermedad renal’, los doctores Benjamín De León Gómez y George Estifan Kasabji, especialistas de Nefrología del Hospital San Juan de Dios de León, ponen el acento en su prevención y detección precoz gracias a un sencillo análisis de sangre (filtrado glomerular) y orina (cociente albúmina/creatinina).

“Se estima que hasta el 40 por ciento de la población atendida en Atención Primaria tiene una ERC que puede estar no diagnosticada (oculta). Estos pacientes muchas veces se quedan sorprendidos ante el diagnóstico y aseguran que nunca les han dolido los riñones. Habitualmente han tenido una historia previa de enfermedad renal crónica, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, infarto cardíaco o diabetes mellitus”, aseguran en una apuesta por el cribado en aquellos con mayor riesgo. También pasada la barrera de los 60, donde el porcentaje de afectados se sitúa por encima del 20 por ciento, y ante la existencia de antecedentes familiares.

“La misión de los riñones es la eliminación de toxinas y el mantenimiento de un equilibrio de agua, sales y minerales en el organismo, así como la producción de diversas hormonas. Su insuficiencia al inicio puede pasar desapercibida, pero según avanza aparecerán síntomas propios del fracaso de sus funciones como la retención de líquidos con la hinchazón consiguiente (edema), la pérdida de apetito, las náuseas y vómitos, la anemia, los dolores óseos, el aumento de la producción de orina sobretodo nocturna o su disminución en fases más avanzadas, calambres, el cansancio…”, explican.

Por todo ello, la creación de consensos entre Atención Primaria y Especializada ha mejorado el abordaje de un colectivo de pacientes que no deja de aumentar.  Su prevalencia ha crecido un 30 por ciento en la última década, según pone de relieve la Sociedad Española de Nefrología, y en una provincia como León, con un 27,4 por ciento de mayores de 65 años, es “muy elevada”. Por ello, pide priorizar la vacuna frente a la COVID-19 en la ERC.

Centinela de la salud cardiovascular

Pero, además, la salud renal es, en el fondo, el centinela de la salud cardiovascular. “Los riñones son una especie de filtro constituido por venas y arterias, están muy vascularizados. Su enfermedad nos puede estar avisando del daño en otros órganos como el corazón y las arterias antes de que estos den síntomas”, alertan los doctores De León Gómez y Kasabji

En este sentido, una dieta adecuada, baja en grasa y sal, la actividad física y el control de los niveles de tensión arterial, glucosa y colesterol se revela clave. “La alimentación debe ir dirigida a conseguir varios objetivos: evitar la progresión de la enfermedad renal, no aumentar mucho los niveles tóxicos en la sangre y mantener un estado nutricional adecuado”, precisan sin olvidar la importancia de limitar la ingesta de alcohol y sodio, tener un peso saludable, llevar a cabo un adecuado control glucémico y/o de la presión arterial y dejar a un lado el hábito tabáquico.

Asimismo, según apostillan, “el ejercicio moderado y mantenido durante 30 minutos al menos tres días a la semana es nuestro mejor seguro de vida, ya que nos ayuda a controlar factores de riesgo como la obesidad, la diabetes y la hipertensión”.

Finalmente, los expertos invitan a no abusar de los antiinflamatorios no esteroideos dada su toxicidad: “Fármacos como el ibuprofeno son muy utilizados para el tratamiento de enfermedades que causan dolor e inflamación y, en el caso de la aspirina, para prevenir la aparición de trombos en las arterias. Son muy eficaces y, por lo general, bien tolerados. No obstante, son los fármacos que con más frecuencia causan daño renal, sobre todo si se utilizan durante mucho tiempo y más aún si los riñones ya estaban enfermos. Debemos por lo tanto evitar la automedicación y en determinados casos efectuar controles de la función renal antes y después de su uso”.

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