El banquete, abril de 1925

El veintiséis de abril, cada año, Nuestra Santa Madre la Iglesia  -como dice el Padre Astete en su Catecismo...

 

 

El banquete, abril de 1925

El veintiséis de abril, cada año, Nuestra Santa Madre la Iglesia  -como dice el Padre Astete en su Catecismo y como estudiábamos los niños en la década de los cuarenta del siglo pasado- celebra la festividad de San Isidoro, obispo y, además, la de los santos Cleto, Pascasio, Clarencio, Lucino, Basileo, Exuperancio y Rafael Arnáiz Barón, que es un extraño santo con apellidos y, además, trapense, pero de todo hay en la viña del Señor. También celebra la festividad de alguno más cuyo nombre obvio. (En este día, también, en Boimorto -Galicia- se reúnen las mujeres preocupadas por su esterilidad y otras que son víctimas de conflictos mentales, como dice José de Cora en su libro CALENDARIO DE GALICIA. Y, después de reunirse, se lavan en una fuente y hacen ofrendas -aún hoy- de cabezas de cera para ahuyentar las migrañas).

Y este mismo día en 1925 -casi ochenta y seis años atrás- el Ayuntamiento y la Diputación de Lugo, muy aficionados a los banquetes -en Lugo siempre que se celebra algo, las celebraciones se celebraban -valga la redundancia- con banquete incluido- ofrecían -iba diciendo- a los asambleistas "pro ferrocarril central Gallego"-  en el Hotel Méndez Núñez -que aún existe en la Calle de la Reina- un banquete que, por la curiosidad de sus platos y porque la mayoría de ellos estaban en francés, traigo hoy a esta sección que ha terminado por convertirse, sin yo quererlo, en una sección gastronómica y, bien sabe Dios, que, en un principio no quise que se convirtiese en ello.

El banquete, como pueden ver en el tarjetón adjunto consistía en: entremeses variados, huevos brullé con trufas, tournedos a la parisien, medallón de cabillé bermenier, poulet roti a la bros, ensalada del tiempo, helados sorpresa, tarta genovesa, frutas, vinos: blanco brillante, rioja clarete, jerez Misa, champán Moet Chandon, café, coñac Fundador, y cigarros habanos.

Al banquete, como ustedes podrán leer -casi adivinar- asistieron Fray Plácido-Ángel, obispo de Lugo, José María Villamil, Victoriano Sánchez, Jacobo Varela y Eduardo Rosón, que, por aquel entonces era Alcalde de la ciudad.

Nos ha parecido sumamente curioso este menú -basado en la cocina francesa porque Francia casi siempre fue paradigma de la buena cocina-  y quisimos saber en qué consistían algunos de los platos presentados, así que hemos buscado, hoy, la receta de los huevos brullé con trufas.

Parece ser que François Massialot publicó en 1691 un libro de gastronomía titulado El Nuevo Cocinero Real y Popular en el que habla de la crème brullé, aunque, tal vez Massialot  perfeccionó dos recetas descritas anteriormente por Pierre de la Varenne, publicadas en otro libro: El cocinero francés y a las que daba el nombre de huevos con leche o huevos a la crema y que se elaboraban cociendo unos huevos batidos con leche o nata en un poco de mantequilla y sal y que, para ser más concretos diremos que se confeccionaban así: Cásquense los huevos  -los huevos deben cascarse y no romperse-  en proporción a los comensales; retiren la mitad de las yemas y bátanlas bien con sal y azúcar. Mézclenlos con la leche y para cocerlos, derritan un poco de mantequilla fresca y una vez derretida echen la mezcla dentro, cuézanlo y dénle color con la paleta"

No sé si esta era la receta de los huevos brullé a los que había que añadir, además, las trufas.

Quede, de todas formas, aquí, constancia, que el obispo de Lugo de grata memoria, Fray Plácido Ángel y los demás comensales, aquel veinticinco de abril, como diría el prelado, comieron como Dios.

Antonio Esteban