El lecho de Procusto y el de la casta política

El lecho de Procusto y el de la casta política. En la mitología griega..

 

 

 El  lecho de Procusto y el de la casta política

 

 

En la mitología griega encontramos un personaje llamado Procusto. Era un apuesto y fornido posadero de Eleusis, que ofrecía a los viajeros solitarios y confiados, un reposo del guerrero, sádico y letal. Les proporcionaba un lecho de hierro, que era regulable y que nunca coincidía con la estatura de sus invitados. Por eso, cuando las víctimas eran altas, les amputaba los miembros que sobresalían de la cama;  y, si eran de estatura baja, estiraba sus miembros hasta descoyuntarlos. Así ajustaba la estatura de sus huéspedes, que perecían siempre, a la longitud de la cama. De aquí viene su apodo, que significa “el estirador", por su peculiar sistema de hacer amable y confortable la estancia a los huéspedes de su posada y de acabar con sus vidas. Un día, el huésped fue el héroe Teseo, que lo sedujo y le aplicó su misma medicina, liberando así a los habitantes de Eleusis de su macabra hospitalidad.

 

 

Hoy, la expresión “lecho de Procusto” se ha convertido en una metáfora para referirse a quienes pretenden acomodar siempre la realidad a la estrechez de sus intereses o a su particular y limitada visión de las cosas; a quienes se llenan de celos si alguien sobresale de la medida de su propia mediocridad; a quienes todo lo quieren cortar a su medida. Por eso, se ha convertido en símbolo de conformismo, de uniformización, de mediocridad, de arbitrariedad e inflexibilidad. Y por ende, cuando alguien pretende que todos los demás se ajusten a lo que él dice o hace, se suele decir, en un lenguaje culto y erudito, que tal persona pretende que los demás se acuesten en el lecho de Procusto.

 

 

He citado esta figura mítica de la antigua Grecia para referirme a la “casta política”, de alto rango o de baja cama, que nos desgobierna y de los que somos víctimas, como los huéspedes de Procusto, los ciudadanos de a pie. Ante el estado en que se encuentran las cuentas del Estado, de las Autonomías y de los Ayuntamientos; ante la situación económica que estamos sufriendo; ante la degradación de los cimientos del Estado del Bienestar (sanidad, educación, investigación, servicios sociales); ante la desorientación axiológica, ética, política,… de la sociedad española;… ante todas estas cosas y muchas más, uno puede y debe preguntarse cómo hemos llegado a esta situación. Y sobre todo, cómo podemos salir de ella.

 

 

Cuando analizamos el “who is who” en la casta política gobernante, que se relame disfrutando del poder, nos encontramos o nos hemos encontrado, si miramos hacia el Gobierno central, con los/las José Montilla, Celestino Corbacho, Pepiño Blanco, Bibiana Aído, Leire Pajín, Magdalena Álvarez, Mariano F. Bermejo, Trinidad Jiménez, Ángeles González-Sinde,… y el propio J.L. Rodríguez Zapatero, que es moco de pavo. Y si observamos el poder autonómico o el municipal, encontraremos generalmente especímenes de la misma catadura. Todos son miembros de partidos en los que la mayoría de sus dirigentes no ha tenido otro oficio en su trayectoria vital que la política, según M. Jiménez de Parga. Además, si creemos a Pilar Rahola, “la mayoría de ellos surgidos del ‘todo a cien’ de los partidos”.

 

 

En manos de estos indigentes culturales, intelectuales y éticos ha estado y está nuestro destino. Yo me pregunto si el número de asesores o personas de confianza de la casta política gobernante no es un síntoma de que los miembros de la misma no tienen ni idea de lo que tienen entre manos y deben, por lo tanto, rodearse de personas para que les saquen las castañas del fuego. Aunque, visto el resultado y la situación crítica que estamos viviendo, parece que los de la casta política, haciendo honor al “lecho de Procusto”, se han rodeado de amigos o arribistas o trepadores o mamones todavía más incompetentes y que tienen menos luces que Abundio, aquel que vendió el coche para comprar gasolina. Y así nos ha ido, nos va y nos irá, si no nos libramos de ellos.

 

 

Desde hace ya muchas semanas y, sobre todo, en las próximas, esta indigna casta política cesante y la aspirante se han prodigado y se prodigarán en todo tiempo (las 24h. del día) y lugar (en todos los medios y soportes posibles), para que los sufridos y reiteradamente engañados ciudadanos (los indignados, los “enragés”) depositen, de nuevo, su confianza en la mediocridad, exigida por sus “lechos de Procusto”. Necesitamos, como los habitantes de Eleusis, un Teseo, que acabe también con los “lechos de Procusto” de la casta política, que son sólo potros de tortura y de sufrimiento. Me pregunto si ese Teseo que nos libere, el próximo día 20 de noviembre, de los Procustos de la casta política no es la abstención y/o el voto en blanco y/o el voto nulo y/o el voto a las candidaturas testimoniales y marginales. A propósito de esto, J.J. Millás, se preguntaba, muy certeramente, hace unos días: “¿Quién iba a decirnos que el mejor modo de votar sería no hacerlo?”. Así nos protegeremos de la casta política de todas las Españas que, como escribió Pío Baroja, “produce un elemento ambicioso, arribista, bajo e inmoral. Político y chanchullero son sinónimos”.

 

© Manuel I. Cabezas González

m.ignacio.cabezas@gmail.com