jueves 28/10/21

LA LETRA PEQUEÑA

La esclavitud es la subordinación, la sumisión o la explotación totales de un ser humano por otro ser humano.

El estatus de esclavo transforma al ser humano en un objeto o instrumento o máquina de producción y de enriquecimiento personal de otra persona. Esta explotación total del ser humano tiene orígenes distintos (vencidos en guerras, pueblos conquistados, deudas, etc.) y ha adoptado diferentes formas a lo largo de la historia. Solo tres pinceladas para ilustrar algunos orígenes de la esclavitud.

Entre los romanos, y esto quedó recogido en el Derecho Romano, si un ciudadano no pagaba sus deudas, el acreedor podía cogerlo y llevarlo, manu militari, ante el pretor, que ostentaba el poder judicial. Y si este emitía un veredicto condenatorio, el acreedor podía vender al deudor en pública subasta para recuperar la deuda o podía forzarle a trabajar para él, el resto de su vida.

En la Edad Media y durante varios siglos, los piratas y los berberiscos patrullaron todo el Mediterráneo, secuestrando y convirtiendo en esclavos a los cristianos que surcaban el Mare Nostrum. Sin embargo, no los utilizaban para hacerles trabajar, sino para intercambiarlos por un suculento rescate crematístico. Este comercio humano fue tan importante y tan grave que, a finales del siglo XII y principios del XIII, surgieron dos órdenes religiosas (la Orden Trinitaria y la Orden de la Merced), con el objetivo de redimir, previo pago pecuniario, a los cristianos en manos de musulmanes y piratas, tanto monta, monta tanto. Un rescatado ilustre fue Miguel de Cervantes; por su libertad, los PP. Trinitarios pagaron, en 1580, 500 ducados de oro.

En la actualidad, la esclavitud sigue existiendo, tanto en sus formas tradicionales (27 millones de esclavos), como en forma de 'nuevas esclavitudes'. Entre estas últimas, en países como España, está la modalidad de esclavitud propiciada y provocada por esos ladrones de cuello blanco, que tienen sus guaridas en esas modernas cuevas de Alí Babá, que son las entidades financieras y las compañías de seguros. ¿El medio utilizado para esclavizar a sus clientes? La letra pequeña de los contratos y documentos que presentan a sus confiados clientes.

Hace unas semanas, en una sucursal bancaria de Cerdanyola del Vallès, intenté abrir una cuenta corriente. Cuando el empleado me presentó el contrato de la misma, constaté que, en el clausulado del contrato, se había utilizado una tipografía tan pequeña, que lo hacía ilegible. Estaba escrito en lo que tradicionalmente se denomina letra pequeña. Reclamé un contrato más legible y cooperador (sin letra pequeña), pero la entidad financiera no pudo o no quiso entregarme un contrato ortodoxo y transparente (en tipografía tipo 12, que es el tipo estándar).

Ante la constatación de este hecho, revisé los contratos de otras cuentas con otras entidades financieras y de distintos seguros (casa, coche, mutua de seguro médico) y, en todos, había un denominador común: todos estaban redactados en letra pequeña, ilegible y no-cooperadora. Esta es la práctica habitual y generalizada de bancos y compañías de seguros: contratos en letra pequeña para que los clientes los firmen ciegamente, sin haberlos podido leer. Y después pasa lo que ha pasado con la basura financiera (créditos hipotecarios-trampa, preferentes, deuda subordinada, etc.) y con los seguros de todo tipo, productos comercializados por esos “tontos útiles” y cooperadores necesarios (el personal de tropa) de las sucursales bancarias o de las corredurías de seguros.

En otra ocasión, analizaré el tipo de lenguaje utilizado en esta literatura opaca, farragosa y engañosa, que es un jeroglífico incomprensible, incluso para los propios comerciales de bancos y de compañías de seguros. Hoy levantemos acta de lo que los lingüistas llamamos la “mise en page” (o edición o presentación material) de los contratos, en los que se utiliza solo letra pequeña. Esta, según la expresión tradicional, sirve para dar forma a las cláusulas secundarias de un contrato, que generalmente figuran en él en caracteres pequeños. Ahora bien, los contratos, que proponen a la firma las entidades financieras y las compañías de seguros, están redactados solo en letra pequeña. ¿Por qué? La letra pequeña es el instrumento moderno para esclavizar, sine die, a los confiados contratadores de hipotecas y/o de basura financiera y/o de seguros. En efecto, cada vez son más los poseedores de hipotecas que se están quedando sin sus viviendas, pero con la deuda del crédito hipotecario; son casi dos millones las familias que han puesto en entredicho sus ahorros de toda la vida; y todo ello a causa, entre otras cosas, de la letra pequeña, que los ha convertido en esclavos del siglo XXI.

Ante todo esto, me he preguntado si los bancos y los seguros utilizan la letra pequeña en los contratos porque tienen inquietudes y conciencia ecológicas, porque piensan en el futuro de nuestro planeta y porque ponen en práctica el “principio de la sostenibilidad”: consumir menos papel e indultar, en consecuencia, miles o millones de árboles. No lo creo. Basta con tener en cuenta los resultados producidos con el uso de la letra pequeña: engaño, estafa y robo a los pequeños ahorradores. Más bien, creo que “la letra pequeña es pequeña para que no se lea”; y, más bien, creo que “si la letra pequeña fuera más grande, leeríamos más y nos engañarían menos”. Ante el contrato que me presentó el comercial de la entidad financiera de Cerdanyola (cf. ut supra), yo me dije: “no sé si la letra es muy pequeña o yo necesito gafas”. Lentes ya tengo; ergo, la letra era pequeña.

© Manuel I. Cabezas González

www.honrad.blogspot.com

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