miércoles. 10.08.2022

La venganza de los estafados.

La venganza de los estafados.

 

 

La venganza de los estafados.

 

• Todas las entidades financieras han engañado-estafado a los pequeños ahorradores, utilizando un modus operandi común. Esto ha provocado —en sus engañados y desvalijados clientes— falta de liquidez económica, incertidumbre, angustia, depresión, impotencia, desesperación, pérdida de autoestima, problemas de salud, problemas familiares, etc. Y las soluciones dadas o planificadas no han sido ni son justas, ni equitativas, ni razonables para los desprotegidos y abandonados estafados. 

 

• Éstos han sido llevados al borde del abismo y de la desesperación más total y absoluta: tienen muy pocas posibilidades de recuperar la totalidad de los ahorros estafados y de conseguirlo rápidamente. Como ha escrito Rosa Montero, “que un montón de directivos de banco de pueblos y barriadas se hayan dedicado a estafar a sus vecinos ; que hayan sido capaces de cometer esa infamia con gente a la que han conocido toda su vida, es algo que me deja sobrecogida. ¿Cómo se transforma uno en un desalmado así? ¿En un criminal peor que un navajero? ¿Y por qué los navajeros acaban en la cárcel y esta gentuza no? ¿Por qué lo consentimos? La primera corrupción que hay en este país es la moral: la pasividad o la complicidad ante el expolio”. 

 

• Por eso, los estafados deberían abandonar la pasividad y la resignación, y pasar a la acción. En efecto, como dejó escrito A. Einstein, si buscan resultados distintos, no pueden seguir haciendo lo mismo. Y no deberían olvidar el consejo de Rubén Darío, para quien “con constancia y tenacidad se logra lo que se desea”. En efecto, la historia nos enseña que “no hay nada imposible y los grandes cambios casi siempre se han producido a sangre y fuego” (Javier Cercas). Por eso, como ha apuntado J.A. Marina, “las situaciones límite rompen las previsiones de la lógica cotidiana” y no se puede hacer un mundo diferente con gente indiferente. Hoy quiero proponer algunas iniciativas, que dependen sólo de los estafados y que permitirían ejercer una presión tal sobre los estafadores, que se verían abocados a reconocer la fechoría cometida, y les haría morder el polvo, como a los gestores de las “taulas de canvi” medievales cogidos in fraganti, con las manos en la masa.

 

• Las propuestas que propongo son una modalidad cívica y civilizada de tomarse la justicia por su mano, que no implica la violencia física ni el derramamiento de sangre, sino un ataque al talón de Aquiles de las entidades financieras: la cartera, a la que son tan sensibles. Con ellas se trata de entorpecer e impedir que puedan seguir traficando y enriqueciéndose, a costa de los pequeños ahorradores, con ese producto, cada vez más virtual, que es el dinero. Las medidas que propongo no implican ningún riesgo para los estafados y responden a la filosofía de una frase que leí, hace muchos años, en la revista francesa “Elle”, dirigida al público femenino: “l’argent c’est comme les femmes: ou vous vous en occupez  ou quelqu’un s’en occupe” (“el dinero es como las mujeres: o te ocupas de él o de ellas o alguien se ocupa”).

 

• Primera iniciativa: retirar los caudales de la entidad estafadora y cambiar de entidad bancaria. Parto del axioma de que todas las entidades financieras han engañado y estafado a los pequeños ahorradores. Parto del principio de que especulan, se aprovechan y hacen negocios con los ahorros de los confiados ciudadanos, dándoles, en contrapartida, unas migajas de pan. Parto de la constatación de que son verdaderas sanguijuelas que se nutren y viven no del sudor de su frente sino del sudor de los de enfrente. Ahora bien, unas  engañan y estafan más que otras; unas roban más que otras; unas se aprovechan más que otras de sus clientes. En efecto, algunas entidades financieras —por ejemplo, La Caixa— empiezan a cobrar comisiones a sus clientes nada más entrar por la puerta de la sucursal y por todo: gestión de la cuenta, tarjetas, diferentes operaciones, incluso por respirar. Sin embargo, otras —por ejemplo, el Banco de Sabadell— no sólo no cobran ninguna comisión sino que, además, te devuelven un porcentaje (hasta un límite de 20€ mensuales) de los recibos domiciliados.

 

• Segunda iniciativa: cambiar la domiciliación de los recibos, de la nómina o de la jubilación. Estas domiciliaciones son también una fuente de ingresos para las entidades financieras, que cobran una comisión a las compañías de gas, de electricidad, de agua, de teléfono, de seguros,… por cada recibo cobrado. Por eso, cortémosles el grifo de los ingresos a esas entidades financieras insaciables, avaras, usureras y cleptómanas, cambiando de entidad bancaria.

 

• En el caso de personas mayores, acostumbradas a su banco de toda la vida, estas dos primeras iniciativas pueden ser vistas como una enorme montaña, difícil de escalar. Por lo tanto, es necesario que los hijos y los nietos de las mismas les acompañen y les ayuden en los trámites que, por cierto, son muy simples: la nueva entidad financiera se encarga de todo; sólo hay que dar la orden. Si  hijos y nietos colaboran con sus padres o abuelos, no se les podrá aplicar el refrán castellano que, en más de una ocasión, se han merecido y que reza así: “cría cuervos y te sacarán los ojos”.

 

• Tercera iniciativa: no utilizar las tarjetas de crédito para pagar nuestras compras. El uso que hacemos de ellas es una constante y muy importante fuente de ingresos para las entidades financieras: a los 20/30 euros que paga anualmente por ella cada cliente, se debe añadir el tanto por ciento que tiene que pagar el autónomo o la empresa por cada operación, además de hacer frente al alquiler del tatófono (terminal para propiciar el uso de las tarjetas), costes que varían también según el tipo de cliente y la entidad financiera.

 

• Si no utilizamos las tarjetas, hacemos una mala jugada a las entidades financieras, privándolas de ingresos suculentos. Sin embargo y al mismo tiempo, hacemos un gran favor, en estos momentos de crisis, a los autónomos o a las pequeñas empresas, que se ahorrarían los peajes usureros que deben satisfacer a esos Ali Babás modernos que son las entidades financieras.  Por otro lado, el hecho de no utilizar las tarjetas nos permitirá ser consumidores reflexivos, razonables y concientes. Si salimos de casa con el objetivo de comprar unos productos y con el dinero que pensamos gastarnos, no nos embarcaremos en gastos superfluos,  a los que esta sociedad de consumo nos empuja sin descanso.

 

• Estafados y ciudadanos, la venganza incruenta y el cambio de rumbo están a nuestro alcance. Estas simples iniciativas (y sin coste económico alguno) pueden conducir a las casta financiera a la senda de la virtud, de la ética, de la deontología profesional. De nosotros depende ser águilas reales o aves de corral.

 

© Manuel I. Cabezas González

www.honrad.blogspot.com

 

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