viernes 15/10/21

Ser a la carta

Nuestros esclarecidos mandamases, por lo general, por lo que dicen y hacen, arrastran un trauma infantil indisimulable, con la agravante de que nos afecta mucho más a nosotros, los mandados, que a ellos los supercalifragilisticoespialidosos, que siendo unos metomentodo nunca salen escaldados.

Ahora se les ha ocurrido, en base a la tan deseada igualdad (dicen), que cualquier ser humano, al menos con apariencia humana exterior, pueda modificarse y hacerse llamar como le salga del moño, en función de como se sienta, basta con ir al Registro Civil y decir: Yo me siento pez, siento como un pez y quiero ser pez. Y en el registro, supongo que, si hay seriedad y algo de rigor, es probable que algún funcionario cumplidor le pida que lo acredite, que lo demuestre, pero el aspirante a D.N.I de pez se hará el escurridizo y exigirá que rápidamente se le solucione el asunto, pues no puede seguir más tiempo fuera del agua.

No sé si en el registro, además de la denominación genérica de pez, cabrá la posibilidad de una mayor concreción, por ejemplo: quiero carnet de pez espada. Os recomiendo, queridos amigos, que miréis este evidente avance social con buena lógica y mejores ojos, o es que acaso ¿no conocéis, de toda la vida, a algún besugo lejano, o a una maravillosa sirenita del piso de abajo? Claro que, yo no entender bien cómo ser posible sentirse pez, querer ser legalmente pez, registrarse como pez, conseguir pasaporte de pez y luego quejarse cuando en la hermosa costa de Málaga quieran hacer de vos un "espeto". Usted dirá que lo importante, fundamental y esencial no es la forma o apariencia externa, que sí lo es lo que uno siente y como se siente por dentro, y si se siente pez es pez, y si se siente bisonte es bisonte, y si se siente dinosaurio es dinosaurio, o mamut...¡Qué bien, así hasta podemos resucitar las especies desaparecidas! Insisto: yo no entender que siendo pez, un pez auténtico, nos exija una vivienda digna en Galapagar, salvo que por vivienda digna entienda usted una pecera, y que, además, entre todos, le pongamos las aletas.

Aquí, a ver si nos enteramos, cada español, o extranjero que nos visite, podrá ser lo que quiera, como es lógico y natural: bastará con pasar por el registro civil y registrarse. Un avance social así, tan fantástico y enloquecedor, nos llenará de alegría. Usted, señora mía, ya podrá registrarse como vampiresa y exigir que todos la consideremos como tal.

Gracias a esta futura ley, tan natural, tan necesaria y deseada y solicitada por las multitudes, cualquier jovencito mayor de dieciséis años, o señor de León, de noventa y tres años, pongo por caso, podrá registrarse como mujer e intentar casarse en Madrid con el amable pescadero astorgano que tan bien le trata cuando hace la compra. Me gusta el progreso, me encanta el avance, la vanguardia.

Estoy deseando que acabe esta maldita pandemia, más que nada para poder ir corriendo al Registro Civil y acreditarme como me siento, es decir, Premio Nobel de Astrofísica. (Ahora, dentro de poco, cuando se registren, tendré que entender y aplaudir a la enorme multitud de personas que en León y en el Bierzo dicen ser poetas, escritores y genios de la literatura)

BOUZA POL, escritor.

(La imagen superior es de uno de los peces que trabajan en el barco de la película de DIsney Hotel Transilvania 3)

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