sábado 23/10/21

Si votaste el 20N, no te quejes ahora

Si votaste el 20N, no te quejes ahora

 Si votaste el 20N, no te quejes ahora


El día de reflexión para las elecciones generales del 20N de 2011, hice público un texto titulado "Si votas, no te quejes después" Con él invitaba a la ciudadanía a dar con su voto una lección a la casta política,  que es considerada como el segundo problema más grave e importante por los ciudadanos españoles, según los informes del CIS. Para ello, preconizaba y argumentaba la pertinencia de dar la mayoría al partido de los abstencionistas, al de los del voto nulo o en blanco, a los candidatos de los partidos testimoniales o marginales. Todo este voto representó sólo un poco más del 36% del censo.


• Después de las elecciones del 20N, en otro texto, “Les Moutons de Panurge”, constataba que los partidos tradicionales y al uso (PP, PSOE, IU y gli altri)  se habían llevado el gato al agua con el 64% del censo electoral. Y, por otro lado, me asombraba de los 7 millones de votos cosechados aún por el PSOE y del incremento sustancial de votos de CiU. Estos dos partidos obtuvieron, respectivamente, millones y cientos de miles de votos, a pesar de que  habían procedido y estaban dedicados a la destrucción del Estado del Bienestar tanto en España como en Cataluña; y, al mismo tiempo, estaban exigiendo sacrificios sin cuento, a los sufridos ciudadanos de a pie, por desmanes de los que no eran responsables.


• Ahora bien, fue el PP el que obtuvo la mayoría absoluta (casi 11 millones de votos, 44,62% de los votos emitidos y 186 diputados). Con estos resultados, el PP remató el éxito arrollador e incontestable, conseguido, seis meses antes, en las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo de 2011.  Y para rematar la faena, el PP sólo espera conseguir el poder también, el 25 de marzo próximo,  en Andalucía, feudo tradicional y cortijo particular del PSOE.


• Para barrer en las elecciones municipales, autonómicas y generales, el PP contó con la ayuda inestimable e impagable del lamentable desgobierno de la “res pública” por parte del PSOE, capitaneado por Rodríguez Zapatero. En efecto, éste negó reiteradamente la crisis que nos atenazaba, no hizo nada contra ella  o lo que hizo fue contraproducente. Sólo tenía la vista puesta, partidaria y egoístamente, en los sondeos sociológicos y en las siguientes elecciones. Este desgobierno socialista dejó a España hecha unos zorros y prácticamente en estado de coma:  5,3 millones de parados, un déficit del 8,2% en las cuentas del Estado, una corrupción sistémica, un despilfarro ingente de recursos, un crecimiento negativo de la economía, subidas generalizadas de los precios, congelación de pensiones y sueldos de los funcionarios, recortes en las partidas fundamentales del Estado del Bienestar (sanidad, educación, servicios sociales) y en los sueldos de los funcionarios y de los asalariados, en general, … Que sais-je encore? ¡Así se las ponían a Fernando VII!, se le podría decir a Mariano Rajoy.


• Pero, además del preocupante y crítico legado socialista, el partido de Rajoy, durante meses, se dedicó también a prometer la luna y a propalar unos mensajes que contribuyeron a llevar una mayoría absoluta de votos al molino del PP, el 20N. En efecto, durante meses, reiteró,  por activa y por pasiva, que conocía la situación crítica en la que se encontraba España, que sabía lo que tenía que hacer y, además, cómo hacerlo. Prometió transparencia, decir siempre la verdad, tomar el toro de la crisis por lo cuernos y no dejarse distraer ante el problema fundamental de España: la crisis económica y el paro. Por eso, juró y perjuró que no subiría los impuestos, ya que sería contraproducente, sino todo lo contrario: había que bajar los impuestos y favorecer el ahorro y el consumo para incentivar la economía y la creación de empleo e incrementar así los ingresos del Estado.  


• Ahora bien, llegado al poder, el Gobierno de Rajoy, en contradicción con las promesas hechas durante la precampaña y la campaña, empezó a rascar los bolsillos de los contribuyentes, subiendo los impuestos (IRPF, IBI); y continuó con los recortes en el gasto público (sanidad, educación, investigación, dependencia, etc.), iniciados por Rodríguez Zapatero, que han puesto en peligro el Estado del Bienestar. Ahora bien, todas estas medidas son sólo “el inicio del inicio”, según Soraya Sáenz de Santamaría. Las medidas duras (¿subida del IVA, entre otras?) llegarán en marzo, después de las elecciones andaluzas y cuando se aprueben los presupuestos de 2012.


• Estas medidas contradicen las promesas del PP y confirman lo que se puede leer en cualquier manual de Derecho Político: llegados al poder, los partidos sufren una metamorfosis y padecen una amnesia, que les hace olvidar todo lo prometido y que les empuja a hacer lo contrario de lo prometido, con tal de aferrarse al poder y permanecer en él sine die, disfrutando de sus pompas y prebendas y haciendo las Américas. Con este comportamiento paradigmático quedan corroboradas las palabras del Viejo Profesor, Tierno Galván, cuando aseveró que “las promesas electorales se hacen para no cumplirlas después”. Este punto de vista implica que, para la casta política, el fin (conquista del poder) justifica cualquier medio: incluso la mentira y el engaño sistemáticos a los electores.


• Con su voto, al no querer dar una lección y un escarmiento a toda la casta política, los ciudadanos que se acercaron a las urnas, el pasado 20N, han vuelto a gritar lo que el poeta Recaredo cinceló, al final de uno de sus poemas, con estos versos: “¡No insistas Espartaco!/ Porque al esclavo todavía le siguen/ gustando sus cadenas”. Por eso, a los votantes “moutons de Panurge”, que participaron en las elecciones del 20N, me permito decirles: “Si votaste el 20N, no te quejes ahora”. Sin embargo, pensando en los futuros comicios, creo que lo razonable sería sacar alguna lección de todo esto. Hace unos días, un parado de larga duración me la sirvió en bandeja: en las próximas elecciones, me dijo, “habrá votar a las putas. Votar a sus hijos e hijas no ha servido para nada”.

© Manuel I. Cabezas González

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