XXVII Cumbre Iberoamericana «Bendita España»

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Con motivo de la celebración de la XXVII Cumbre Iberoamericana en Andorra, hemos querido aprovechar para recordar dos artículo de Bouza Pol  recopilados en su libro «Picotazos Liberales» el primero que lleva por título «Bendita España» y el segundo «Hispanoamérica».

«Bendita España, que reventó los límites del mundo y alumbró a América». 

Ahora, para hacer memoria, de nuevo repaso los papeles, los escritos, los datos y, admirado, y emocionado, tengo que volver a repetir, a gritar muy fuerte, con orgullo: ¡Viva España!, y ¡Viva la Monarquía Española!, que han hecho la mayor y mejor gesta de la Humanidad en toda la Historia.

Desde el año 1492 (de los Reyes Católicos de España, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando), durante los cuatro siglos posteriores, mientras Europa y el mundo se desangraban en mil crueles guerras y batallas, nuestra querida América Española vivió tranquila, protegida, casi feliz… Después de su independencia en el siglo XIX, las naciones hispanas, ya repúblicas, no pararon de guerrear entre ellas. Miles de nativos, de indígenas, de indios, de hermanos nuestros, que habían sido protegidos por las leyes de España, fueron masacrados, y exterminados en algunos lugares, por los nuevos mandamases republicanos. Es la triste verdad. España, buena madre, siempre quiso a sus hijos de más allá del gran Océano, y les entregó lo mejor que tenía: su valor quijotesco, su idioma, su religión, sus leyes, su forma de ser y de sentir, su eterna lucha contra viento y marea.

Gracias a Dios y a la sangre española que se hizo mestiza, hoy, después de tantos siglos, sigue habiendo grandes toreros como Andrés Roca Rey, escritores como Vargas LLosa, orquestas femeninas como Canela, de Colombia (Colombia viene de Colón), que tocan instrumentos modernos, bailan, y cantan cumbias con la voz y la forma de decir más hermosa del mundo, el Español (miralá como viene mi negra Soledad, con su «pollera colorá»).

Por si no fuera suficiente ejemplo, quiero recordar a la sin igual Libertad Lamarque Bouza, la novia de América, la que nos decía: «Cuando se quiere de veras, como te quiero yo a ti, es imposible mi vida, tan separados vivir». Me encanta Costa Rica, en especial después de su guerra civil del año 1948. Es una Nación que admiro por las muchas cosas buenas que tiene, su democracia, su pacifismo, su crecimiento, su amor a la naturaleza. Hay que felicitar a los ciudadanos costarricenses, pues el 15-9-2021 celebrarán el bicentenario de su independencia. Sin embargo debo señalar, una vez más, que contra todo derecho, las Islas Malvinas Argentinas siguen en poder de los ingleses, y también el Peñón de Gibraltar Español.

A España le es imposible vivir lejos de sus queridos hijos, por ellos se alegra, y sufre, a todos entrega su Historia, su ilusión…, y, como buena madre, generosa, entiende y perdona a los que, sin razón, la difaman y ofenden; por todos ellos reza. España llevó a América la rueda y la polea, la noria, el caballo, la mula, el asno, y el carro para el transporte. También ovejas, vacas, y el hierro y la metalurgia de Toledo con todo su arte, y la cerámica con su técnica, la pólvora, el papel, la imprenta y la escritura, el reloj mecánico, la navegación marítima, astilleros, instrumentos, herramientas, la cartografía, la minería moderna.

Los españoles hicimos embalses, acueductos, molinos de agua, regadíos. Pusimos en marcha la moneda, los bancos, las letras de cambio, las sociedades mercantiles, la industria del vidrio, el trabajo del cuero, de tapices, de esmaltes; hicimos caminos, carreteras, puentes, catedrales, hermosa arquitectura civil y militar. Llevamos la sangre de Cristo, es decir, el vino, y dan buena fe las vides-cepas de la viña y la Bodega Bouza, de Uruguay (muy guay).

Y no hace falta, queridos hermanos, que nos digáis lo mucho que nos habéis dado, pues lo sabemos bien, muy bien, y lo agradecemos, pues disfrutamos todos los días los productos que tienen origen en vuestras tierras: patatas, maíz, tomate, cacahuete, y un sin fin de sabrosas frutas, divinos manjares. Cuento estas cosas para recordar a todos los españoles e hispanos, que España siempre ha deseado ser una buena madre, y lo ha sido, pues su único defecto es habernos consentido demasiado. Siento y lamento que algunos de sus hijos salgan tan descastados, tan mal criados, ignorantes y cobardes, que sólo sepan difamarla y ofenderla. España os perdona, yo no sé si podré hacerlo.

«Hispanoamérica»

Todo el mundo sabe que las desigualdades sociales y las injusticias son tremendas en la mayoría de las repúblicas de Hispanoamérica. Pero tanto egoísmo y falta de solidaridad de los extremadamente ricos, a costa de los pobres, pobrísimos, no se arregla con revoluciones sangrientas ni con el comunismo.

A los poderosos mandamases hay que hacerles entrar en razón utilizando el Capitalismo, un capitalismo moderno, civilizado, participativo, generador de riqueza, capaz de atender bien las enormes necesidades sociales que sufre la inmensa mayoría de la población. Es muy triste ver que, después de doscientos años de «independencia» y de «libertad», la mayoría de las repúblicas siguen sin haber repartido bien la tierra, los enormes recursos primarios, su explotación, y, además, nada hacen para controlar, o limitar, civilizadamente, el enorme crecimiento de la población.

Lo que sí hacen los dirigentes políticos, en general, es quejarse, y no parar, desde la «eternidad,» de echar las culpas de todos los males de sus pueblos a los demás países y dirigentes del mundo, tratando de justificar, de tapar su mala gestión, sus vergüenzas, a base de mentiras, de soflamas que consiguen engañar a los más humildes necesitados.

No hace mucho tiempo que los españoles vimos y escuchamos, asombrados y decepcionados, como el mayor mandamás de nuestro querido México lindo y querido, el señor López Obrador, culpaba a España, a la herencia española, de casi todos los males del hermoso y grande país de los antiguos aztecas, como si nosotros, los de la piel de toro, tuviéramos arte y parte, y responsabilidad, en la violencia e inseguridad que hay en las ciudades mexicanas, en su narcotráfico, en su contaminación, en el lujo extremo de unos pocos hacendados en claro perjuicio de la mayoría pobre. Tampoco tenemos la culpa de que la población mexicana se triplicara en los últimos cuarenta años.

De Venezuela sólo digo, una vez más, que es el caso típico de un país inmensamente rico que se muere de hambre por culpa del nepotismo y la mala gestión de sus dirigentes políticos. Con una población de 33 millones de personas, hay cada año 25.000 asesinatos (en España, con 47 millones de habitantes, hay 320), que da al mundo una clara idea de lo mucho que sufre (aunque siga habiendo lindas chicas en Isla Margarita) España no tiene culpa, los españoles venimos ayudando todo lo que podemos, desde siempre, y buena muestra de ello son nuestros misioneros, y nuestro abrazo afectuoso a los hermanos hispanoamericanos que encontramos aquí o en cualquier parte del mundo. El comunismo, el Foro de Säo Paulo, no es la solución.

 

BOUZA POL, escritor.

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