jueves. 04.06.2026

Adiós a Manuel Ignacio Cabezas, "Uno de Almagarinos" y alma crítica de El Buscador

Manuel Ignacio Cabezas González, profesor universitario, lingüista y autor de las inolvidables crónicas que durante más de una década firmó en este periódico, falleció el 19 de noviembre a las 11 de la noche. Berciano orgulloso y defensor incansable de la palabra honesta, deja un legado académico y humano que seguirá latiendo en cada lector que encuentre en sus textos un refugio, una pregunta y una luz.

Manuel Ignacio Cabezas, cronista de Almagarinos en El Buscador
Manuel Ignacio Cabezas, cronista de Almagarinos en El Buscador

Manuel Ignacio Cabezas González, Doctor en Didactología de las Lenguas y de las Culturas y Profesor Titular de Lingüística y Lingüística Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, falleció en Barcelona el 19 de noviembre a las 11 de la noche, dejando tras de sí una estela de sabiduría, humildad y un profundo amor por la palabra.

Su vida fue un itinerario intelectual y humano que él mismo solía trazar con claridad: desde El Bierzo Alto, en Almagarinos, “pueblo colgado, como un nido de águila, en el escarpado acantilado de las Peñas de Aceite, en el margen izquierdo del río Tremor”, hasta Barcelona, donde impartió docencia durante décadas en la UAB; pasando por París, donde se formó en la Sorbona y vivió su primera gran experiencia profesional durante ocho años en la Embajada de España, en el Servicio de Atención Cultural y Lingüística a los Hijos de Emigrantes Españoles en Francia.

Manuel compartió durante más de una década sus crónicas mensuales en el Periódico El Buscador. En ellas rompía lanzas por la cultura y abanderaba su incansable cruzada lingüística. Berciano orgulloso, firmaba su sección como “Uno de Almagarinos”, evocando siempre las voces, los paisajes y las gentes de su infancia.

Desde 2011, decía alimentar a su “hijo lingüístico” más exigente: la Honestidad Radical. Inspirado en el lema de Mariano José de Larra —“Mi vida está dedicada a decir aquello que los demás no quieren oír”—, Manuel convirtió esa honestidad en una ética literaria: elegir siempre la palabra más adecuada, afilarla antes de usarla y aderezarla con una pizca de cicuta para dotarla de eficacia, siempre desde la cortesía lingüística que él consideraba irrenunciable.

Manuel fue un narrador de historias periféricas y profundas, personales y universales. Un maestro capaz de transformar la memoria en conocimiento y la nostalgia en identidad. Desde la academia, desde la prensa y desde su propia experiencia migrante y docente, su palabra actuó siempre como puente: entre lenguas, entre generaciones y entre territorios que a veces sólo sobreviven gracias a quienes los nombran.

Y de él se puede afirmar, con justicia, que ha vivido intensamente, dando la razón a Julio Llamazares cuando escribió: “La pregunta no es si hay vida después de la muerte; la pregunta es si ha habido vida antes de la muerte”. Manuel tuvo, sin duda, vida plena, consciente y comprometida.

Hoy despedimos a un profesor, a un escritor y a un berciano que llevó su origen como una bandera luminosa. Gracias, Manuel, por cada relato, por cada reflexión y por cada viaje compartido. Mientras permanezcan tus palabras —honestas, afiladas y llenas de vida—, tú también permanecerás vivo en ellas.

Fdo. Equipo de El Buscador (Tu equipo)

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