jueves. 04.06.2026

La rápida expansión de productos con electrónica integrada —como prendas conectadas, juguetes inteligentes o equipamiento deportivo digitalizado— está generando una nueva tipología de residuos que no encaja de manera precisa en la clasificación vigente de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE). Esta tendencia, impulsada por la digitalización del consumo y el crecimiento del Internet de las Cosas, obliga a revisar el marco normativo para garantizar una gestión adecuada al final de su vida útil.

Según el Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la UIT y UNITAR, la generación de residuos electrónicos crece más deprisa que la capacidad oficial de recogida y reciclaje. El informe alerta de que los productos de pequeño tamaño son los más problemáticos, ya que muchos usuarios no los identifican como electrónicos y acaban desechándolos con residuos domésticos, fuera de los canales adecuados.

Un vacío normativo pese a los avances legislativos europeos

La Unión Europea ha reforzado en los últimos años su política ambiental con la aprobación de la Directiva de Derecho a Reparar (2024), la revisión de la Directiva Marco de Residuos (en vigor desde octubre de 2025) y el Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), que introduce el pasaporte digital de producto y nuevos criterios de durabilidad y reciclabilidad.

Sin embargo, ninguna de estas normas contempla aún disposiciones específicas para textiles con componentes electrónicos u otros artículos con módulos embebidos, más allá de la obligación —fijada por el Reglamento (UE) 2023/1542— de que las baterías sean extraíbles y reemplazables a partir de 2027.

España mantiene un sistema de categorías abiertas, sin tipificación para productos híbridos

En el ámbito nacional, el Real Decreto 110/2015 sigue siendo la referencia para la gestión de residuos AEE. Pese a la ampliación del sistema a categorías abiertas desde 2018, los productos híbridos con electrónica integrada continúan clasificándose dentro de las tipologías generales, lo que dificulta su identificación, el desmontaje específico y la trazabilidad de sus componentes.

El desafío: evitar que miles de dispositivos queden fuera del circuito de reciclaje

La falta de una categoría propia para estos nuevos artículos supone un riesgo: que miles de dispositivos inteligentes terminen fuera de los sistemas oficiales de gestión, dificultando la recuperación de materiales críticos y la correcta extracción de elementos sensibles como baterías o microcomponentes.

Diversas empresas del sector trabajan actualmente en mejorar procesos de reciclaje, valorización de materiales y trazabilidad digital para adaptarse a este nuevo escenario, ante la perspectiva de que la normativa europea incorpore en el futuro categorías específicas para estos productos emergentes.

Los dispositivos inteligentes una nueva categoría de residuos aún sin regulación