domingo 23/1/22

El futuro de la tauromaquia centró el interés de la incorporación a la AVETCYL de Rufino Rivero

El Secretario del Consejo General de Colegios Veterinarios de España opina que el sector taurino ha de hacer el esfuerzo de adaptación que la sociedad requiere.

Incorporación a la AVETCYL de Rufino Rivero
Incorporación a la AVETCYL de Rufino Rivero

El Paraninfo Gordón Ordás del Edificio El Albéitar de la Universidad de León (ULE) acogió en la tarde de ayer la ceremonia de toma de posesión de Rufino Rivero Hernández, Secretario General de Colegios Veterinarios de España y Miembro de la Comisión Nacional de Espectáculos Taurinos, como académico correspondiente de la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León (AVETCYL), en un acto solemne en el que fue presentado por el también académico Luis Alberto Calvo Sáez.

En su discurso de incorporación a la AVETCYL, titulado ‘El veterinario en los espectáculos taurinos. Referencias al pasado y el presente y una visión personal sobre lo que nos puede deparar el futuro’, Rufino Rivero comenzó por afirmar que en España “ningún espectáculo enraíza tan profundamente en la noche de los tiempos como lo hace el taurino, manteniéndose a flote contra viento y marea”. No obstante, apuntó que si el pueblo le vuelve la espalda, “caerá el telón sobre el coso taurino y las plazas pasarán a ser un elemento decorativo”.

Rufino Rivero llevó a cabo un detallado análisis en el que expuso la evolución que ha sufrido la regulación de la fiesta y las alteraciones y cambios normativos que se han ido sucediendo a lo largo de los años. “La sociedad española ha ido evolucionando con el paso del tiempo, -afirmó-, y han surgido nuevas modalidades de entretenimiento para la población”, lo que ha ocasionado que los espectáculos taurinos tradicionales “se hayan visto relegados en unos casos, e inmersos en una lucha por la subsistencia en otros”.

PROPUESTA DE CAMBIOS PARA EVITAR EL RECHAZO DE LOS ESPECTADORES

La visión personal del nuevo académico se inició con el reconocimiento de que “todos somos conscientes de la evolución que ha sufrido la forma en como nos relacionamos con los animales”, lo que se plasma en el creciente interés por “velar por su bienestar e evitar su maltrato”.

A esta consideración es preciso unir los efectos de la pandemia en el sector, que definió como brutales. “En la práctica, la temporada 2020 ha sido inexistente, -afirmó-, y la 2021 ha transcurrido con un número limitado de festejos”, circunstancias que han ocasionado unas pérdidas que cifró en 150 millones de euros solo en los primeros 15 meses de la pandemia.

Entre los consejos que ofreció al sector, el primero es el de “intensificar los esfuerzos que realiza para asocial el toro a la dehesa y los beneficios que ésta reporta a la sociedad, a través de compaginar los usos ganaderos, agrícolas y forestales”. El segundo no es otro que “abogar por la conveniencia de que exista un único reglamento a nivel estatal”.

Rivero se detuvo seguidamente a analizar los distintos tercios de una corrida de toros, y comenzó por el de varas, del que dijo que sería bueno evitar “el ensañamiento de los varilargueros con el toro, y por ende el rechazo, cuando no la repulsión, de unos espectadores cuya sensibilidad no es la misma que la de hace años”. Es por ello que apuntó que no estaría de más estudiar “posibles cambios en las puyas, incluida su longitud”.

Otro tanto señaló de la suerte de banderillas, en la que se debería valorar su longitud, “con la finalidad de disminuir la profundidad de la herida”. En cuanto a la estocada, reconoció que “los primeros interesados en ‘acertar’ con la espada, por lo mucho que se juegan, son los toreros”, lo cual no es óbice para que se realicen “los estudios técnicos que sobre las características del estoque sean precisos, al objeto de intentar mejorar la suerte”.

Finalmente se abordó el descabello y apuntillado, y Rivero se mostró partidario de buscar alternativas, a través del uso de pistolas de perno cautivo u otros procedimientos, que “nos evitarían el espectáculo bochornoso al que con frecuencia asistimos cuando el ‘cachetero’ no acierta con el lugar adecuado y alarga la faena y la imagen del toro moribundo innecesariamente”.

Concluyó su discurso defendiendo que la mejor aportación que puede realizar el veterinario en la plaza es “evitar el maltrato y velar en la medida de lo posible por el bienestar de las reses”, y aunque dijo que “el futuro que se avecina no parece nada fácil,·existe una oportunidad si el propio sector taurino es capaz de leer las señales que marca la sociedad y hace el esfuerzo de adaptación que se requiere”.

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